Cautivado por Lewis

Mantengo una rara y paradójica relación con C. S. Lewis desde hace años. LLevo toda la vida diciendo que no termina de gustarme mucho y, a la vez, no dejo de leer sus libros. Ya he leído bastantes y sólo no me han gustado sus libros de ficción (nada el primero de La trilogía de Ramsom y poco los dos primeros de las Crónicas de Narnia). Respeto mucho sin embargo sus ensayos.

Ahora le ha tocado a Cautivado por la alegría, donde cuenta sus años de formación, centrándose en todo lo que le llevó a recuperar su enfriada fe cristiana. Me ha resultado interesante y, sobre todo, es un gustazo leerle. Se expresa con elegancia, es claro, amable, inteligente, ve mucho de lo que pasa a su alrededor, parece totalmente honesto, da confianza, es divertido. Amaba los libros por encima de todo y guardaba como un tesoro sus amistades.

Su amistad con Tolkien y su admiración por Chesterton son sólo dos detalles más que me lo hacen muy simpático.

C. S. Lewis y su diablo

Cartas del diablo a su sobrino es un libro tan mínimo como inagotable. Es valiente, claro, inteligente, breve, divertido y estimulante.

En la primera se recomienda al aprendiz de diablo que no se preocupe demasiado de las lecturas de su “víctima”.

Ya no se vive de argumentos:

Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o «falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales» o «implacables». (…). ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.

Un buen bocadillo puede apartarles de la tentación de plantearse cosas:

les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista (…)

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