Un Tiberio

Armarse un Tiberio

Claudio Tiberio fue el segundo emperador romano. Hijo de Claudio Nerón y de Livia, se distinguió pronto por sus sobradas dotes militares. A la muerte de Augusto, se apoderó del Imperio, al que gobernó con acierto al principio. Pero más tarde, tras el fallecimiento de su hijo adoptivo Germánico, se convirtió en un déspota despiadado. Hizo ejecutar a tal cantidad de senadores, amigos y parientes cercanos y lejanos que no había familia en Roma que dejara de contar entre sus miembros con alguna víctima sacrificada por este emperador cruel. De la infausta memoria de aquellos años de reinado abominable procede la expresión armar un Tiberio, que se emplea como sinónimo de confusión y alboroto.

Invisible, de Auster

Lamentable la última novela de Auster. Sé que habrá gente que pensará que da igual lo que cuente un libro, que se trata de ficción, que lo importante es el arte. No pienso así en absoluto. Me encanta este escritor y lo sigo desde hace años y esto es lo peor que ha hecho. Es una historia sencillamente asquerosa, y todas las demás consideraciones me dan igual.Les adelanto lo que he escrito para Aceprensa.Adam Walker está a punto de morir y recuerda en forma de libro los hechos ocurridos cuarenta años años antes, en 1967. Envía a Jim, un antiguo amigo, ahora famoso escritor, los manuscritos de los tres primeros capítulos . Cómo conoció en NY a una extraña pareja, Rudolf y Margot; como los reencontró en París tras haber roto con ambos; su estrecha relación con su hermana Gwyn y su amistad en París con la intelectual Cécile.

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El corral de la Pacheca

Esto parece el corral de la Pacheca

La frase, que suele decirse para indicar un lugar donde reina el barullo y la confusión, alude a uno de los antiguos teatros de Madrid. Don Casiano Pellicer, en su Tratado histórico sobre el origen y progresos de la comedia y del histrionismo en España (1804), dice que en el año 1568 se representaban comedias en un corral de la calle del Príncipe, que regentaba un tal Burguillos, y que por esas mismas fechas se reformó para semejante cometido otro corral en la misma calle. Éste pertenecía a Isabel Pacheco, llamada La Pacheca. Un tercero abrió sus puertas en la calle del Sol. Estos corrales eran unos patios amplios que se abrían en el interior de las casas de vecindad y en los que había solamente un tablado para las representaciones, gradas para los caballeros y el corredor para las damas, así como unos bancos portátiles.