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Mes: diciembre 2011
Wilder. El octavo día

Coaltwon, Illinois, 1902. John Ashley es acusado de asesinar a su amigo Breck y es devuelto a la libertad por unos misteriosos sujetos cuando era conducido a la cárcel. Esta novela cuenta la historia de la familia Ashley antes y después de estos sucesos. Todos ellos son poco convencionales y de notables cualidades y sus vidas resultan atractivas e interesantes para el lector.
Dos temas: uno, la existencia de seres especialmente dotados para ayudar a los demás, una especie de nuevos mesías (no en sentido religioso); el otro, la vida como tapiz con miles de hilos anudados y entrelazados, la dificultad de captar el sentido global. Ambos recorren toda la obra, quizás como excusa para Wilder para ir de aquí para allá en el tiempo y el espacio, cerrando muy a su aire todas las subtramas.
La novela: ¿o inmoral o aburrida?
El mal imaginario es romántico, variado; el mal real, triste, monótono, desértico, tedioso. El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso, embriagante.
Por lo tanto, la “literatura de imaginación” o es aburrida o es inmoral (o una mezcla de ambas).
No escapa a esta alternativa como no sea que, a fuerza de arte, pase del lado de la realidad –cosa que sólo el genio puede hacer.
Simone Weil (De La gravedad y la gracia)
[Citada en el volumen del que les hablé Repensar la ficción].
