Felices los felices. Yasmina Reza

REZA
Empiezo a odiar este tipo de libros con 150 personajes que me exige un trabajo de memoria agotador, para terminar dándome muy poco a cambio de mucho esfuerzo. ¿Por qué tienen que estar todos relacionados entre ellos, por qué no un conjunto de relatos independientes?

Reza toma el título de un verso de Borges para recordarnos, por si alguien no lo sabía, que el camino del amor está lleno de trampas y que no se alcanza sin esfuerzo. Los hombre somos egoístas, mentirosos y muchas veces crueles.

Algunas de las historias están bien y Reza es una buena y breve y eficaz narradora que nunca aburre. El libro en sí no vale mucho y está lleno de situaciones tópicas mil veces vistas. La mayoría de ellas nada ejemplares.

Las luminarias. Catton

CATTON_Luminarias
Walter Moody, joven escocés, llega en 1866 a Hokitika, en la costa neozelandesa. Huye de un problema familiar y va en busca de oro. La localidad está revuelta con la detención de una prostituta, hecho que acaba relacionado con otras novedades del momento: la desaparición de un hombre rico, la posible huida de un capitán de barco de mala reputación y el descubrimiento de una fortuna en la casa de un indigente. Novela de inspiración decimonónica más centrada en la trama que en los personajes y que tiene como motor ambiental la fiebre del oro, que encierra la promesa de convertirte en alguien mejor (léase, más rico).

La novela tiene doce partes y cada una de ellas ocupa la mitad de extensión que la precedente. La arquitectura narrativa está basada en el zodiaco y los títulos de los capítulos son descriptivos. A estas originalidades compositivas, coherentes con la evolución de la trama, se suma un estilo cristalino y rico de frases largas y complejos periodos.

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Voces de Porchia

PORCHIA_VocesAl releer las sentencias de Porchia que iba marcando en la lectura me han gustado más que cuando las señalé.

Me resultaba algo impostada y ajena su apuesta por la vida sencilla y solo un poco más aceptable su declarada defensa de la pobreza. Me molestaba el tono frecuente de escepticismo y se me hacían pesados los frecuentes trabalenguas que no tenía paciencia para releer.

Ahora veo mejor que hay cosas aprovechables, pasando por alto el tono de predicador laico y Diógenes sentencioso. Muchas veces hay sentido común y sabiduría, hallazgos verbales y sencillas y bellas paradojas:

• Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto mas alto.
• Las alturas guían, pero en las alturas.
• A veces, de noche, enciendo una luz para no ver.
• Cuanto menos uno cree ser, más soporta. Y si cree ser nada, soporta todo.
• Cuando no se quiere lo imposible, no se quiere.
• Pueden en mí, más que todos los infinitos, mis tres o cuatro costumbres inocentes.
• El misterio te hizo grande: te hizo misterio.
• Quien ama sabiendo por qué ama, no ama.
• Quiero tu bondad, pero no sin una sonrisa en tus labios.
• Un corazón grande se llena con muy poco.