No confundir


Infectar
, infestar. Significa «causar infección en un organismo». Distíngase de infestar, «invadir un lugar», animales, plantas y otros agentes perjudiciales: «la casa está infestada de cucarachas».

Infligir, infringir. Infringir es quebrantar una ley, un precepto, etc., y no debe confundirse con infligir, que es imponer un castigo, producir un daño.

Ingerir, injerir. El primer verbo significa «introducir por la boca los alimentos». El segundo, «incluir una cosa en otra», haciendo mención de ella, y, en su forma reflexiva, «entrometerse»: «el Gobierno se injiere en las decisiones empresariales». El sustantivo de ingerir es ingestión y el de injerir, injerencia.

Inherente. Significa que algo está tan unido por naturaleza a otra cosa, que no se puede despegar o sobrepasar. No confundirlo con innato ni con inmanente.

Intratable. Significa «no manejable, intransitable, insociable, de humor imposible», pero no «invencible, imbatible, inalcanzable, irreductible», como suele utilizarse en el lenguaje deportivo.

[fuente: selección y reordenación propias a partir del Libro de estilo de ABC]

Noticias

La entrega en Estocolmo del Premio Nobel de Literatura despierta siempre la pregunta de qué criterios se siguen para atribuirlo. ¿Estéticos? ¿Políticos? ¿Cómo han cambiado a lo largo de los años? Kjell Espmark, presidente del Comité Nobel de 1988 a 2005, ha intentado explicarlo en el libro El premio Nobel de Literatura (Ed. Nórdica). Adolfo Torrecilla comenta este libroen Aceprensa.

Mercedes Monmany comenta Delincuente juvenil, de Brendan Behan.

Juan Marsé recomienda leer estas navidades:

Cualquier novela de John Fante. Por ejemplo, Un año pésimo. O La hermandad de la uva. Yo descubrí tardíamente a este autor norteamericano que estuvo durante años colapsado por los grandes narradores de su país ( Hemingway, Faulkner, Scott Fitzgerald, Carver, etc.) y después de leer su primera novela me abalancé literalmente sobre las demás. Su vigoroso estilo crea adicción, sus personajes se imponen de manera entrañable y la ironía campa por sus fueros, sin asomo de sentimentalismo ni autocompasión. Es un escritor realista que desentraña los sueños de una generación y hurga implacablemente en su propia familia y en su fracaso social, pero sin desdeñar la ironía y la ternura, con una certera y agridulce comicidad.

Todos iguales en "Nueva Belleza"

Si todos fueran perfectos físicamente no habría discriminaciones por la belleza, ni se juzgaría a los demás por el color de la piel u otras apariencias, las jóvenes no enfermarían de anorexia y se implantaría un clima de felicidad apoyado en el culto al cuerpo y a la salud. Esto es lo que ocurre en el escenario futuro inventado por Westerfeld: a los dieciséis años tiene lugar La operación. La parte que no se les cuenta a los imperfectoses que, de camino, se manipula sus cerebros, en principio para convertirles en imbéciles felices y superficiales que nunca tienen conflictos ni exigen cambios. Se eliminan las guerras, aunque de paso también muchas otras cosas. David y sus padres han creado Humo, una colonia de imperfectos que han escapado a la tiranía de la belleza y que intuyen qué hay detrás de todo el montaje. No tienen intenciones de quedarse con los brazos cruzados. Tally, a punto de ser operada, huye a Humo, para quedarse, o para destruirlos.

Traición (Los feos, en inglés) es la primera parte de una trilogía que está arrasando en EEUU. Como Huxley y Orwell, o Matrix más recientemente, describe una nueva utopía de control de seres humanos, en clave juvenil y de libro de aventuras. El autor ha ideado un universo coherente con gran imaginación y ha dotado su ambiente de los suficientes detalles técnicos, médicos y científicos, para hacerlo verosímil. Se trata de una historia entretenida, ágil y sencilla de leer. Una obra sin pretensiones de estilo donde las palabras se limitan a describir acciones y diálogos sin sugerir ningún efecto connotativo.

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