Hablemos de langostas

David Foster-Wallace es el contemporáneo del que más he pensado que se trataba de un genio. Me encantó, creo que ya lo he comentado, su conjunto de relatos periodísticos Algo supuestamente divertido que no volveremos a hacer, menos sus libros de relatos y no he leído su macronovela La burla infinita. Lástima que se suicidó joven, hace pocos años.

Me parece un tipo muy inteligente, divertido, excelente escritor y de originalísimo punto de vista. Hablemos de langostas es otra recopilación de reportajes hechos para revistas. Reportajes largos, escritos por completo a su aire, inclasificables y muy diferentes unos de otros en extensión y tratamiento.

El primero se lo pueden saltar, salvo especial interés en la industria del porno americana que celebra una convención. El del diccionario de inglés modernos es excesivamente técnico para mi gusto aunque vale la pena. El de la campaña de McCain un poco largo pero muy revelador del modo de ser americano y en particular del de sus políticos. Todos es general están muy bien: Dostoievski, Updike, programas radiofónicos, el 12.S, la feria de langostas. La idea es que se planta en un sitio y cuanta lo que ve, con desparpajo, sentido común, humor, profundidad y una fina inteligencia.

Si sólo van a leer algo de él, elijan el primero del que hablo. Si siguen, éste en segundo lugar.

Connelly

La última novela de Connelly me ha parecido más flojita de lo habitual en él. Se trata básicamente de un juicio, Mickey Haller de nuevo. Bosh aparece también pero en una proporción 20/80 a favor de Haller.

Los libros de juicios son todos un poco iguales. Connelly lo hace bien, como siempre, todo muy creible y con las necesarias sorpresas, giros y contragiros, incluso mete un clímax culebrístico final (de «culebrón»). De fondo, la misma idea de la anterior y primera y mucho mejor novela con Haller: el cinismo de la profesión de abogado, el escaso papel que juega la verdad en el proceso judicial. Todos mienten.

El veredicto será una estación de paso obligada entre los seguidores de Connelly, pero no de las más recordadas.

El cebo

Es estupendo leer una buena trama con cosas que no has leído nunca, originales. Esto ocurre en El cebo.

El cubano Somoza (1959) ha publicado once novelas, con esta, desde 1996 y ha tocado todos los palos: erotismo, historia, policiaca, ciencia-ficción, fantasía, horror, y se ha labrado un lugar entre los escritores innovadores de suspense y misterio de cierta calidad e inteligencia.

El cebo es un thriller de persecución clásico donde la estrella es el perseguidor, para el que Somoza elabora una original e interesante teoría psicológica. El “psinoma” es el código matemático de nuestro deseo. Hay cincuenta tipos fundamentales o “filias” y cada persona tiene una. Un “cebo” teatraliza una determinada “máscara” (conjunto de gestos y palabras) ante la que un sujeto no puede dejar de reaccionar, lo “engancha” y lo somete a su voluntad. Esto se descubrió hace siglos, Shakespeare en concreto describe todas las tipologías fílicas en sus obras, y en la actualidad es una ciencia psicológica ultrasecreta en manos de la policía que entrena a cebos expertos en conducta para capturar a criminales. A primera vista puede pensarse en un intento reduccionista de coronar al placer como motor único del obrar, pero la idea es más compleja y tiene cierta consistencia, y, en todo caso, consistencia narrativa. Es el fin de las armas, los detectives y los forenses, y la hora de los “perfiladores” y de las máscaras manipuladoras de deseos.

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