Connelly

La última novela de Connelly me ha parecido más flojita de lo habitual en él. Se trata básicamente de un juicio, Mickey Haller de nuevo. Bosh aparece también pero en una proporción 20/80 a favor de Haller.

Los libros de juicios son todos un poco iguales. Connelly lo hace bien, como siempre, todo muy creible y con las necesarias sorpresas, giros y contragiros, incluso mete un clímax culebrístico final (de «culebrón»). De fondo, la misma idea de la anterior y primera y mucho mejor novela con Haller: el cinismo de la profesión de abogado, el escaso papel que juega la verdad en el proceso judicial. Todos mienten.

El veredicto será una estación de paso obligada entre los seguidores de Connelly, pero no de las más recordadas.

Pelecanos

Estupenda esta novela de Pelecanos, me reafirmo es que es de los americanos vivos de novela negra que más me gusta. Todo lo que ocurre, lo que se dice, lo que se piensa, es tan real y vivo que parece periodismo. Pero no lo es. Pelecanos se mueve como pez en el agua en el mundillo de la delincuencia en Washington D. C. El bisnes. En esa ciudad parece muy importante el color de la piel de las personas, y esto es un tema recurrente en Pelecanos. También está la cuestión de la libertad, y el escritor opta acertadamente por mostrar personajes que eligen, por encima de las circunstancias en las que están metidos.

El jardinero nocturno es un asesino reincidente que lleva años sin actuar. Un nuevo cadáver (negro) hace pensar en él y se ponen a ello dos ex-polis (blancos), para los que ser policía no es un trabajo sino una vocación, y un detective en servicio (blanco, pero casado con una mujer negra). Además están las tramas de dos aspirantes a delincuentes y la de un chulo y su chica que se cargan a un árabe.

Hay un poco de luz en todo este panorama: el valor de la familia, el sentido del trabajo y, como decíamos, la posibilidad de elegir. Pelecanos no se ceba con la violencia ni con el lenguaje, y los pasajes con contenido sexual son pocos y breves pero explícitos.

Russo

Con gran ilusión acometo lo último de Russo. No me olvido de que tengo pendiente Empire Falls. Jack y Joy proyectaron su vida en común durante la luna de miel. Treinta y cinco años después, asisten a la boda de la mejor amiga de su hija y comparan sus sueños primeros con la realidad. Para ellos han sido determinantes las fronteras marcadas a sus respectivas familias de sangre. La de él, un matrimonio roto de irónicos profesores universitarios, que sólo lograban ser felices los escasos días que pasaban cada año veraneando en la costa, en el Cape, imagen de lo inalcanzable. La de ella, un revoltijo bullicioso y menos refinado de numerosos hermanos y padres más afectivos. Jack lleva las cenizas de sus padres para esparcirlas en el Cape, en un momento en el que su propio matrimonio atraviesa un bache importante.

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