Los libros en The New Yorker. Viñetas

VVAA_Libros en NY

Dejé pasar las dos primeras colecciones de viñetas (sobre La oficina y sobre El dinero) pero esta ya era demasiado pasar. Casi doscientos chistes gráficos sobre el mundo del libro, agrupados en cuatro capítulos: Los escritores (ociosos, ególatras, con mala vida familiar, sus negros), los editores (despiadados, peseteros, aduladores), los lectores (los que no leen, los que leen demasiado, los clubs de lectura, la TV, el libro electrónico) y los libreros (su ignorancia, el modo de presentar lo que venden).

Hay de todo (los dibujantes son muchos) pero bastantes tienen gracia. Para pasar un buen rato sin mayores pretensiones.

Los peces no cierran los ojos. Erri De Luca

DE LUCA_PecesEl narrador recuerda cuando tenía diez años y sus deseos de crecer. El aprendizaje de la vida, el choque con el mundo adulto, la pasión por los libros, el descubrimiento del amor. Nápoles, el mar, el papel de los padres.

Un niño de diez años que acababa de leerse El Quijote entero ((¿¿??)), que tenía problemas para conectar con los de su edad, que analiza de adulto unos gestos clandestinos (cantar, llorar) que entonces no acertaba a explicarse, un niño sensible que no rehuye la pelea cuando hay motivo.

El estilo de De Luca es apreciable y conectará más con unos u otros según sensibilidades. Yo lo encuentro algo impostado y manierista pero eficaz y con amor por el detalle. Puede que lea algo más de él.

Adam Johnson. El huérfano

JOHNSON_HuérfanoJun Do ha sido criado en un orfanato aunque en realidad sólo le falta la madre. Toda la vida ha crecido con esa ausencia y con una disposición al dolor y la lealtad que ha permitido que el Estado le emplee en tareas de sangre y espionaje. Su relación con el triángulo formado por la actriz Sun Moon, el marido de esta el comandante Ga y nuestro Querido Líder Kim Jong-Li, articula esta intensa y osada distopía, versión norcoreana y surrealista de las novelas de tirano.

Jun Do es nuestro “fulano de tal”, el Jon Doe inglés, un títere Juan Nadie en manos de un Estado ridículo y brutal, retratado con maestría en esta ficción muy real sobre un hermético y cruento país de pesadilla. Un relato que comparte por igual las dosis de violencia y absurdo clásicas de las novelas de dictador, y en el que pueden leerse afirmaciones espeluznantes como esta:

—En nuestro país las historias son objetivas. Si el Estado declara que un granjero es un virtuoso de la música más les vale a sus vecinos empezar a llamarlo maestro. Él, por su parte, hará bien en ponerse a ensayar en secreto. Para nosotros, la historia es más importante que la persona. Si un hombre y su historia se contradicen, quien tiene que cambiar es el hombre.

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