Los libros en la torre de Montaigne

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Sabiendo que los puedo disfrutar cuando quiera, estoy satisfecho con el mero hecho de poseerlos. Nunca viajo sin libros, ya sea en tiempos de paz o en tiempos de guerra. Pero a menudo paso días y meses sin mirarlos. Los leeré poco a poco, me digo, mañana o cuando me plazca… Son las mejores provisiones que he encontrado para este viaje de la vida.

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Los libros no son como los hombres, que lo asedian y lo importunan con su palabrería y a quienes resulta difícil eludir. Si no se los llama, no vienen; puede tomar éste o aquél, a su antojo.
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Mi biblioteca es mi reino y en ella trato de que mi gobierno sea absoluto.

Palabras de Montaigne extraídas del Montaigne de Zweig.

Montañas como islas. Carter

CARTER_Montañas_como_islasEstupenda esta novela de  Carter, mi agradecimiento al que me la recomendó. Estamos en 1930, Tennessee. Pequeño Árbol se queda huérfano con cuatro años y se va a las montañas a vivir con sus abuelos cheroquis. Ahí recibirá una extraordinaria educación que incluye el respeto a la naturaleza, conocer la neta división entre las cosas del espíritu y las del cuerpo, saber por qué no es bueno el uso de la fuerza y la violencia y por qué no se debe mentir. Todo en un clima de cariño familiar y sentido común que debe tener en cuenta cualquier persona que se dedique a educar a otros. Familia y naturaleza son los dos pilares que fundamentan el paso a la vida adulta de Pequeño Árbol, trayecto que incluirá el dolor y la separación pero del que saldrá fortalecido porque, como le decía su abuela antes de morir, “la próxima vez será mejor”.

Una observación, esta historia de 300 págs hubiera mejorado mucho con 100 menos. Es tan buena que no merecía ser lastrada con el cansancio del lector.

Schwalbe. El club de lectura del final de tu vida

schwalbeA finales de 2009 falleció Mary Anne Schwalbe, tras dos años de lucha contra un cáncer de páncreas. Era una mujer norteamericana menuda de fuerte personalidad que mantuvo su familia fuertemente unida a la vez que desplegó una intensa actividad a favor de personas necesitadas. Sus compromisos iban desde supervisar unas elecciones en los Balcanes a trabajar en un campo de niños refugiados en Tailandia, pasando por la recogida de fondos para construir una biblioteca en Afganistán. Vivió y afrontó la enfermedad y la muerte con serenidad y optimismo, apoyada en una fuerte fe cristiana, en el cariño de su familia y de sus muchos amigos y en una esmerada cultura alimentada por años de cuidadas lecturas.

En este libro su hijo Will cuenta todo esto con detalle, deteniéndose especialmente en los dos últimos años en los que intercambió y comentó con su madre decenas de libros, en un particular e íntimo club de lectura de dos. Cada libro da pie a comentarios inteligentes y certeros y llevan a madre e hijo a recordar escenas de una vida que saben que está acabándose. Mary Anne es la pieza clave de una familia donde se viven con naturalidad muchos valores y, entre ellos, un gran respeto a la palabra dicha y escrita. Todo un ejemplo de educar sin imponer, sugiriendo y yendo por delante, acompañando en las decisiones libres, también cuando son equivocadas. Will, muchos años vinculado al mundo editorial, y que se expresa con elegancia, precisión y buen gusto, tiene un lazo especial con su madre, acrecentado si cabe en estos años finales de intercambio intenso de libros y confidencias. Hay emotividad sin sentimentalismo.

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