Comadrona literaria

El editor debe combinar autores viejos y jóvenes; libros de venta segura, dudosa e invendibles; autores obsesionados por la actualidad política y otros sólo por las exigencias internas de la propia obra; unos deseosos de contactar con el público y otros que nada. (…) Es a la vez una comadrona literaria, un analista, un hombre de negocios y un mecenas.

Siegfried Unseld,  El editor y el autor.

Connelly

Me he puesto al día con Connelly. El periodista Jack McEvoy (recuerden, de El poeta) quiere despedirse a lo grande del Times LA que le quiere poner de patitas en la calle. Investiga un caso aparentemente cerrado y entra de nuevo en contacto con Rachel Walling (FBI, antigua conocida de los seguidores de Connelly). Se enfrentan a unos sádicos sexuales que asesinan a chicas jóvenes de largas piernas.

McEvoy y Walling forman una excepcional pareja llena de impulso e instinto. Connelly es imparable una vez la historia echa a andar. Imposible dejarla. El climax final no es de los más conseguidos pero lo importante, como tantas veces, es el trayecto. El ritmo es estupendo y no hay descripciones morbosas. Connelly no pone el acento en la truculencia ni en la sorpresa (conocemos a los culpables desde la segunda página), sino en la tensión (el proceso, la secuencia) y en la personalidad de los personajes, perseguidores y perseguidos.

Recuerden este cuadro para situar la obra. Actualización 10.III.14

Los cuatro grandes escritores

Los cuatro grandes -mundos complejos e inagotables- son Platón, Dante, Shakespeare y Dostoievski. Cada nación da uno solo. Si una nación es un agregado de memorias comunes, de costumbres, de hábitos y de mitos, es natural que llegue una sola vez el momento en que todo se equilibra y convive de modo verdadero.

Cesare Pavese, El oficio de vivir.