C. S. Lewis y su diablo

Cartas del diablo a su sobrino es un libro tan mínimo como inagotable. Es valiente, claro, inteligente, breve, divertido y estimulante.

En la primera se recomienda al aprendiz de diablo que no se preocupe demasiado de las lecturas de su “víctima”.

Ya no se vive de argumentos:

Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o «falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales» o «implacables». (…). ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.

Un buen bocadillo puede apartarles de la tentación de plantearse cosas:

les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista (…)

Aunque, por si acaso, mejor que la gente lea poco:

Incluso si una determinada línea de pensamiento se puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo. Enséñale a llamarlo «vida real», y no le dejes preguntarse qué entiende por «real». (…)

Pocas ideas, pero confusas:

Acuérdate de que estás ahí para embarullarle; por como habláis algunos demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo consiste en enseñar.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Deja un comentario