El druída

Ainvar es un druida de una tribu gala (los carnutos), S.I adC. Tiene amistad desde niño con Vercingetórix, líder de otra tribu de la Galia libre, los arvernios. Cuando son adultos se enfrentan juntos a César, al frente de la Galia narbonensis, y ambos intentan una alianza global de todas las tribus galas contra la bota romana. La cosa terminó en Alesia del modo como nos cuenta la historia.

La novela es seria (no es Asterix) y ofrece una completa visión de la cultura gala, del druidismo en particular y de la oposición a la trituradora romana desde el punto de vista de los vencidos (como en la estupenda El águila en la nieve). No es por tanto otra novela sobre César.

Todo el asunto druídico es algo chocante para la mentalidad moderna, una mezcla de aspectos que ahora tenemos resueltos de diferentes modos, más “civilizados” y realistas. Hay videntes y adivinos, sanadores, pensadores y maestros, un liderazgo espiritual que no tiene mucho que ver con la religión, con una parafernalia de ceremonias secretas, iniciación en los misterios, sacrificios, rituales, canciones y cuervos. La idea de fondo es el equilibrio entre el Más Allá, la tierra y el hombre, y hablan de La Fuente, La Norma y El Bosque. Hay cosas positivas como la atención a la naturaleza, el amor a la libertad o la creencia en otra vida después de esta y elementos estrafalarios como la magia o los poderes sobre la mente o la naturaleza.

Los galos quedan en general bastante bien, como mucho un poco atolondrados y pasionales y los romanos como unos abusones materialistas cuya única virtud es la disciplina y el genio de algunos líderes. Creo que se simplifica un poco. Hay bastante promiscuidad sexual con descripciones mínimas, que se une a una visión utilitarista de la mujer culturalmente aceptada por todos.

El libro es un pelín largo y, por momentos, episódico, pero el tema general es interesante y también la peripecia de los principales personajes.

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