Olafsdottir o la dificultad de repetir éxito

Rosa cándida fue una refrescante sorpresa del 2011, a pesar de no contener ningún elemento especialmente original. Olafsdottir gustó a todo el mundo con esa encantadora y delicada historia de amor. Por eso se la esperaba, y por eso el trabajo que nos llega ahora es insuficiente, sin altura. No es malo, pero sí claramente inferior.

Una mujer recién divorciada emprende un viaje por Islandia acompañada del hijo pequeño de una amiga. Una vidente le anuncia amores (tres) y que uno de ellos será definitivo. Ella está empeñada en eludir el rol de la maternidad. Ni los personajes, ni la historia, ni el tono ni el mensaje están al nivel de los de Rosa candida. La mujer es una isla no es positiva, es vulgar, es lo de siempre, y ni siquiera entretiene.

Decepción.

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