Qué Leer, nº 147.

Orhan Pamuk, nueva novela: El Museo de la Inocencia.
Tres vidas de santos. Tres relatos de Eduardo Mendoza.
Ha muerto Frank McCourt, el de Las cenizas de Angela.
Unai Elorriaga, Londres es de cartón.
Laurent Gaudé, La puerta de los infiernos.
Literatos seducidos por la política

Biografía de García Márquez, 17 años de trajo y 300 entrevistas. La secreta, la privada y la pública.
Agustín Fernández Mallo y su trilogía Nocilla. ¿Alguien tiene idea de qué hay detrás de la polvareda mediática-cultural que despierta? ¿literatura?
XXII Semana Negra de Gijón. Fred Vargas.

Philip Kerr, III Premio de Novela Negra RBA por Si los muertos no resucitan. Tengo en mi habitación en espera de un hueco Violetas de marzo, primera de su tríptico Berlín noir.
Galería de clásicos: Zola.
Alfaguara reedita en un volumen los Cuentos completos de Onetti.
Cátedra publica una selección de los aforismos de Lichtenberg. No se lo pierdan. Yo tengo una que hizo hace años Edhasa. Genial.

El periodista deportivo

Frank Bascombe ha protagonizado tres buenas novelas de Richard Ford. Es un novelista frustrado que se hizo periodista deportivo. Un burgués acomodado cuya receta para ser feliz es la (imposible) invisibilidad. Se considera un ser fáctico, literal, inmune al pasado, sin interferencias importantes con los demás, con los que sólo se relaciona superficialmente. Nada de confidencias con nadie. Nadie puede hacer daño realmente a nadie, sólo uno a uno mismo.

Un optimista ramplón y utópico que quiere pasar por la vida sin rozamientos. Y, sin embargo, no puede olvidar la relación más importante que ha tenido en su vida, con su mujer, y que fracasó. Y, sin embargo, acude cada semana a una quiromántica. Lo tranquiliza. Bascombe es un tipo que no sabe qué hacer con su vida y va improvisando. Lógicamente, la cosa funciona regular.

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Lectura lenta

El cuento se lee con lentitud, a diferencia de la lectura de la novela, que se puede hacer mucho más rápido; incluso, a veces, cuando uno ya conoce al novelista o el método que está utilizando, se puede saltar algunas páginas, sobre todo en las descripciones de ambiente, de atmósfera o de personajes poco importantes, y se sigue comprendiendo la trama. Por el contrario, si en un cuento uno se salta tan sólo una página, ya no entendió nada del texto. La lectura lenta del cuento es recomendable porque los indicios, las claves de la trama y, desde luego, del final se van poniendo poco a poco a lo largo del texto, y si al lector, por ir rápido, se le escapan dos o tres indicios claves, le va a resultar difícil acabar de entender el cuento y, muchas veces, le echará la culpa al autor.

[Fuente: Guillermo Samperio, “Cómo se escribe un cuento», 2008. Selección y orden propios]