Revista Qué leer, septiembre 2008 (y II)

Saco otro rato y termino de hojearla:

Reportajes que sí miraré cuando pueda con más calma:
– El arte de titular una novela.
– Los escritores vistos por sus traductores
– Reportaje sobre J. G. Ballard. Un escritor de culto de ciencia ficción. Se editan en español sus memorias.
– Reportaje sobre La noche quedó atrás, memorias de Jan Valtin (1904-1951). Totalitarismos del S. XX. Ya tenía de antes buenas referencias de este libro.

Paso por alto Carmen Posadas, Antonio Gala, John Grisham.

Novela policiaca negra sueca: Camilla Läckberg. Los gritos de pasado es la segunda de la serie (La primera: La princesa de hielo). Bueno, estoy abierto.

La galería de clásicos está dedicada a Cesare Pavese.

Entre las Novedades me llaman la atención:
El libro de las cosas perdidas (John Connolly). Aventuras fantásticas de un niño. El autor se llama igual que mi admirado irlandés de Tusquets.
Hollywood y la mafia (Tim Adler)
Todo Rulfo en un sólo volumen de bolsillo (Booket)
El francés Marc Levy en bolsillo (Roca)
Jesús de Nazaret, de Benedicto XVI en bolsillo (La esfera)

Nueva edición de las versiones extendidas de El Señor de los Anillos. Me refiero a las películas. Yo las tengo. Una buena oportunidad, y mucho más baratas que la primera vez que las sacaron. Imprescindible.

Amor, según Quevedo

Me entero de que el GRISO (GRUPO INVESTIGACIÓN SIGLO DE ORO, Universidad de Navarra) va a publicar una edición crítica de todo Quevedo. Buena noticia. Algún día tendré que leer en serio a este autor del que sólo conozco, y mal leído, El Buscón.

Como aperitivo, les adelanto este soneto:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño, Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Middlemarch, de Eliot

Sin duda uno de las mejores novelas que he leído (en general y, por supuesto, este año). También es cierto que he invertido bastantes horas en hacerlo y tenía ganas de terminarla y empezar otras cosas. (Cuando escribí mi anterior entrada llevaba una semana con el libro).

Es una novela victoriana, escrita por una inglesa y con protagonistas ingleses de clase media-alta, es decir: todo es tranquilo y apacible, dramas y pasiones están templados por la flema y la educación.

A Eliot le interesa sobre todo la psicología. En este sentido se aleja del folletín decimonónico. Pasan cosas, pero sólo las necesarias para poner de manifiesto los matices de carácter que se quieren destacar.

Los presupuestos sociales sobre los que descansa la novela son tan lejanos a nosotros como las costumbres de los egipcios. Es una sociología pleistocénica donde la mujer es un objeto decorativo en el hogar, extraño al pensamiento y sin ninguna capacidad de decisión. La mayoría de las protagonistas acepta el status quo y sólo alguna se rebela.

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