Joubert

Joseph Joubert (1754-1824) fue un pensador francés de gran cultura y carácter indolente. Fue un hombre de agudo ingenio y gran prestigio en vida, frecuentado por las mejores cabezas del momento, invitado habitual en las tertulias de la aristocracia intelectual bonapartista. Fue un escritor sin obra. No publicó nada en vida. Llevaba unos cuadernos o diarios donde recogía sus reflexiones. Chateaubriand publicó en 1838 un Recueil de pensées de M. Joubert, una selección de sus pensamientos. Mucho más tarde, se publicaron en Francia sus cuadernos al completo, bajo el título de Carnets. Estos han sido traducidos al inglés por Paul Auster, gran admirador de Joubert. También se han publicado en nuestro país vecino Ensayos (Essais) y Cartas (Lettres).

En 1995 Carlos Pujol preparó para Edhasa una selección de Pensamientos y ahora la Editorial Periférica publica un librito con unos 300 aforismos en torno a los temas arte y literatura.

El lenguaje es sencillo y transparente, son aforismos de ideas bien condensadas. A Joubert le interesa más la estética que la moral, alejándose así de las obras religiosas de Pascal, de la caracteriología de La Bruyère o de las ácidas críticas sociales de La Rochefoucauld o de Chamfort.

Es muy certero en casi todo lo que dice y lo dice bien y claro. Un librito claramente recomendable aunque sabe a poco, a ver si alguna editorial se anima y nos ofrecen la edición completa.

Crímenes de Oxford

Me ha gustado Los crímenes de Oxford. No tiene grandes momentos, es una novela tranquila, pero se lee con agrado, no desfallece, mantiene un tono medio constante. Todo pasa en Oxford, como podían sospechar, pero no es una novela de campus. Una nieta al borde del ataque de nervios y dos padres dispuestos a hacer lo que sea por sus hijas.

Como telón de fondo ambiental, las matemáticas. Series lógicas, paradoja de Wittgenstein, teorema de Gödel y cosas así. Lo verdadero no siempre coincide con lo demostrable, una serie lógica se puede completar con la continuación evidente…o con otras. Todo bien digerible para el lector no especializado, aunque al borde de lo admisible en una novela de intriga. Hay salpicadas otras subhistorias de magia, espiritismo y crímenes.

La verdad llega al final, como todo en la novela , de modo tranquilo y sin estridencias. Sólo resulta forzada, un poco, la aventura sentimental del observador-narrador de la historia.

Como saben, acaban de adaptarla al cine en España, con “Frodo” como protagonista.

Por cierto, el escritor es doctor en matemáticas.

Consejos de Italo Calvino


Cómo escribo, por Italo CalvinoEscribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.

Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.

Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.

Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.

[Fuente: Ciudad Seva]