Brooklyn Follies

Una reseña de Auster que escribí en 2006.

Nathan Glass tiene sesenta años y busca un fin silencioso para su triste y ridícula vida. Acaba de jubilarse y de salir de un divorcio y pesa sobre él la sentencia de un cáncer. Vuelve al lugar de New York donde nació y la casualidad –el demiurgo austeriano- propicia el reencuentro con su sobrino Tom. El trío de personajes centrales se cierra con Harry, el librero empleador de Tom. En las vidas de los tres hay cosas importantes que han fallado. Ahora, juntos, fantasean sobre el Hotel Existencia, el refugio interior donde acude la gente cuando ya no puede vivir en el mundo real. Hacen sus planes y dan forma a un posible estilo de retiro.

Pero la vida se cruza en sus caminos y quizás queden cosas que aún merezcan la pena, como el amor, la amistad ola compasión. Glass resulta no ser tan cínico como parece y es capaz de implicarse en problemas ajenos, Tom puede que encuentre salida a su callejón existencial e incluso acompañado, Harry lo tendrá más difícil porque su pasado se revuelve amenazador contra él. Brooklyn se convierte para todos ellos en el barrio de las segundas oportunidades.

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Bad Lands. De Hall

La colonización del oeste a finales del siglo XIX es un violento periodo de la historia norteamericana. Ha inspirado un popular subgénero literario y cinematográfico, el western, con desiguales resultados en ambos lenguajes: mientras en el cine conviven las obras maestras con películas de ínfima categoría, en literatura hay una aplastante mayoría de productos de consumo de poco nivel, repletos de clichés y estereotipos, escritos con un estilo comercial y poco cuidado.

Hall (San Diego, 1920-2008) decidió acabar con eso y escribió la excelente Warlock (1958), una trepidante novela moral de aventuras, probablemente la mejor del oeste jamás publicada. Bad Lands (1978) es notablemente inferior pero aún así más que aceptable. Cuenta la lucha por la tierra en un territorio de Dakota, año 1883. En el rincón más libre del país más libre del mundo, los Hardy representan el inmovilismo aristocrático, y Lord Marchray la búsqueda del progreso. Livingston, un político neoyorkino que busca escapar de una tragedia familiar se unirá al segundo.

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Grangé

Hace unos años leí una novela de Grangé, La línea negra, que me impresionó bastante. Lo suyo es el thriller criminal al límite, varios pasos por delante del resto en cuanto a sus encarnaciones del mal.

Ahora ha publicado Miserere, traducida en España como El origen del mal. Extraños asesinatos, dos policías completamente fuera de molde y un trasfondo que pone los pelos de punta.

El dolor y el castigo como redención, la voz humana como instrumento de dolor, la religión, el nazismo, una secta, experimientos con humanos, coros de niños (de ahí lo del Miserere), política, pederastia, tortura, Chile y París. Cualquiera de esos elementos habría bastado para una novela, pero Grangé los emplea todos. Resulta excesivo. Por no hablar de los polis: un jubilado armenio con un pasado y un joven yonki con habilidades de 007.

Grangé trabaja sus libros y hay muchos datos (geográficos, científicos, armamentísticos, históricos, musicales, etc) buscando la credibilidad del lector, al que pronto le queda agotada la capacidad de asombro. Ya lo he dicho, excesivo.