El toreo según Bergamín

bergamín_musica_calladaEncuentro por casualidad La música callada del toreo, breve libro con los miniensayitos de Bergamín sobre el toreo. No iba bien predispuesto con mi experiencia que les conté y, en efecto, no está, ni de lejos, entre los mejores libros de toros que he leído. Lo mejor, la foto de portada con Rafael de Paula citando.

Aprecio su esfuerzo por intentar expresar lo inefable y pienso que, de hecho, no lo logra. De todas formas se lee mejor que los aforismos de triste recuerdo.

Selección de microrrelatos

breve
Llevaba tiempo queriendo hacerme con una antología de microrrelatos. Hay muchas selecciones privadas en internet, pero el papel es el papel. Páginas de Espuma encargó esta a Clara Obligado y se publicó en 2001.

Lo mejor, la introducción de la antologadora: vértigo, seducción, vislumbre; resumirlos es sumarles palabras; juego, poema, sentencia, bestiario, chiste o fábula; quienes los practican se juegan la vida en cada línea; el viaje a la semilla, el salto sin red.

Pues de los 150, más o menos, ordenados de más a menos número de palabras, me han gustado muy pocos. Obviando los de Monterroso y Arreola, que ya conocía y están fuera de concurso, sólo me han llamado la atención los de algunos otros autores, también sudamericanos, como Britto, Torri o Shua, nombre que dejo anotados en la lista de los propósitos.

Así, mi primer encuentro oficial con el subgénero ha sido poco satisfactorio. Seguiremos.

(Veo ahora que se ha publicado una segunda antología en la misma editorial).

El emperador. Kapuscinski

EmperadorEste libro-reportaje es inferior al del Sha. Es la historia de Haile Selassie, emperador de Etiopía durante 40 años, hasta 1974. Me ha gustado la parte inicial, cuando cuenta con detalle el día a día del Rey de Reyes. A través de entrevistas, entre las que intercala capítulos breves de su pluma, Kapuscinski traza un relato que hubiera pasado mejor si se tratara de un cuento, tal es el asombro que provoca saber que esto ha ocurrido realmente en pleno S. XX. Un tipo que no lee ni escribe nada, que tiene un criado cuyo cargo se llama porta-cojín, y otro que se ocupa de limpiar (con perdón) el pipí que el perro del Emperador deja en los zapatos de las visitas durante las audiencias, que divide el día en horas perfectamente llenas (oír secretos de su policía, repartir cargos, ocuparse de las cuentas, atender a sus ministros, impartir justicia, etc.). Y así un día tras otro.

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