
En el valle de Baztán aparecen hasta tres cadáveres de chicas jóvenes asesinadas, casi niñas. La ritual puesta en escena de los cuerpos, las evidentes implicaciones sexuales y la misma serialización de las muertes hacen pensar en un tipo de psicópata iluminado nunca visto hasta entonces en Navarra. La inspectora Amaia Salazar es encargada del caso por sus cualidades y preparación y por el hecho de ser oriunda de Elizondo, epicentro de los hechos y donde sigue viviendo su familia.
Bobin y la lectura
Autorretrato con radiador es un pequeño secreto a voces que comparto con mis amigos, un íntimo recuerdo que me hace sonreír a solas cuando veo tanta tontería como se publica, algunas de las cuales tengo que leer. Saber que existe y que puedo volver cuando quiera. Por eso he buscado ahora este otro tomito de Bobin, vacunado previamente contra la posibilidad de que no volviera a repetirse el milagro. Como así ha sido.
Un libro leve sobre la lectura, ocho piezas de confusa configuración. Creo que falla la concepción en el contenido y en la forma: narración con elementos de ficción pero con fines ensayísticos, prosa con aspiraciones de poesía pero buscando el aforismo. Un lío.
De todas formas se pueden espigar comentarios luminosos sobre la pasión por los libros. Personas volcadas en el mundo y en las cosas, y otras en las palabras y en la soledad (y, desde ellas, en la verdad y en la vida). El hombre social, útil, y el que no quita ni añade nada al mundo, simplemente lo abandona, el que “empuja ante sí el rebaño de sus pensamientos”. “Es difícil ir de lo inútil, la lectura, a lo útil, la mentira (el mundo)”
“Para qué sirve leer. Para nada, o casi. Es como jugar. Es como rezar”. “Leo para ver, para ver bien –mejor que en la vida- el deslumbrante dolor de vivir. No leo para que me consuelen, no leo para comprender”.
O la diferencia que puede encontrarse entre la lectura de la Biblia y la de un periódico.
Child. El inductor (Jack Reacher, VII)
La novela negra inventó el mundo en gris y repartió las mismas cartas para todos. Los buenos dejan de estar limitados por la ley y pueden enfrentarse a tipos sin reglas con sus mismas armas. Jack Reacher fue policía militar y ahora va por libre. Sigue en el lado correcto pero hace todo a su modo, y más cuando hay una cuestión personal por medio.
Esta novela de horrible título es la séptima de la serie y enfrenta a Reacher con un líder criminal del tráfico de armas. Ya se conocían cuando el segundo trabajaba para el contraespionaje norteamericano y asesinó a una colaboradora de Reacher.
Reacher es un buen personaje, que suele ser la clave de este tipo de libros. Es independiente y absolutamente letal. El libro va a doscientos por hora desde la página uno. No hay ninguna duda de como va a acabar la historia, pero Child convence y seguimos con él hasta el final.
Un notable.