Jungersen. La excepción

Malene, Iben, Camilla, Anne-Lise y Paul integran el Centro Danés de Información sobre el Genocidio. Son entusiastas profesionales, motivadas con su trabajo y unidas en un proyecto que les apasiona. Dos de ellas reciben e-mails con amenazas de muerte y piensan en los asesinos a los que investigan y denuncian en sus escritos. La tensión creada pone de manifiesto que no todo es tan apacible como aparenta en su ambiente de trabajo. Poco a poco, se va desvelando un claustrofóbico escenario de rencillas, acosos, envidias, susceptibilidades, alianzas, roturas, provocaciones y favoritismos, que las educadas formas apenas pueden contener.

Jungersen va situándose en cada capítulo en el punto de vista de cada una de las mujeres. Con frecuencia cuenta las mismas cosas pero con una nueva perspectiva. La narración avanza lentamente pero sin pausa y no se renuncia a introducir elementos de intriga y tensión que animen la lectura. La excepción es sobre todo una novela psicológica, una indagación en los motivos para hacer el mal.

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Desentenderse

Cargar con el muerto

Según las leyes medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de alguna persona muerta en circunstancias extrañas, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido encontrado el cuerpo estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo. A causa de esto, y con el fin de eludir el pago de la multa, cuando se hallaba un muerto en las calles, los habitantes del pueblo en cuestión se apresuraban y, de común acuerdo, levantaban el cuerpo y lo trasladaban a alguna localidad vecina, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre ésta y, en consecuencia, fuera ella la que debiera hacerse responsable de pagar la multa correspondiente. Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse -en sentido figurado- como equivalente de la pretensión de descargar sobre otro la culpa por algún delito o falta cometida. En la actualidad, el dicho cargar con el muerto conserva el mismo valor.

Roth. La humillación

No sé por qué vuelvo a caer en la lectura de los libros de Roth. La verdad es que hace tiempo que no leía ninguno y me topé con este en la Biblioteca pública. Lo cogí.

Otra historia breve de artista crepuscular deprimido superado por los problemas de la última parte de la vida. Simon Axler ya no puede actuar en el teatro, después de haberlo sido todo. Su mujer le deja. Quiere suicidarse. Termina liándose con una lesbiana 25 años menor y pegándose un tiro. En el psiquiátrico había conocido a una mujer que asesina a su marido porque abusa de una hija menor de ella.

Toda esta alegría condimentada de ácidos comentarios sobre el matrimonio y sobre el papel de los padres en la vida de los hijos, y con pasajes pornográficos.

En fin… Siempre nos quedará Pastoral americana, Me casé con un comunista y alguna otra obra maestra.

¿Los novelistas no se jubilan? ¿nadie puede decirles que el talento no durá para siempre, o que puede malgastarse?