Trajano según Posteguillo

los-asesinos-del-emperador_portadaTras el éxito de su trilogía sobre Escipión, Posteguillo da un salto de trescientos años en la historia del imperio romano y nos sitúa en el último tercio del S. I ddC, años que verán el paso de la dinastía Julia-Claudia de emperadores, a la Flavia, y terminarán con la llegada al supremo poder de Trajano, de Hispania, primer emperador no nacido en Roma ni en Italia. La extensa novela recorre el final de Nerón, el agitado año 69 (Galba, Otón y Vitelio), el cambio de aires con la llegada de Vespasiano, el terrible periodo de Domiciano (al que se refiere el título de la novela) y acaba con la sucesión de Trajano a Nerva.

Como en casi todos los libros sobre la antigüedad clásica romana, el verdadero protagonista es Roma. Una ciudad, un estilo y una civilización, una idea por la que están dispuestos a vivir y morir muchos, casi siempre por encima de los que la encarnan, y a la que todos han de someterse, por nacimiento o por conquista. Los elementos vertebrales son, como es costumbre en el género, los políticos y los militares: las intrigas palaciegas, los generales y sus campañas (legados defendiendo las fronteras contra judíos, persas, dacios o germanos), batallas y operaciones narradas con todo detalle. Posteguillo mira a la vez más allá y retrata la vida de los gladiadores, la construcción del Coliseo, la persecución a los primeros cristianos, algunas costumbres bárbaras (como las amazonas, mujeres samnitas guerreras). El poeta Estacio sustituye al Plauto de Escipión en el toque literario.

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Spaemann

En cuestiones de moral, es decir, de como actuar bien, nos jugamos la felicidad. Por eso, no conviene acudir a la inspiración de aficionados ni a consejillos complacientes y comerciales. Hace tiempo que quería leer algo de este catedrático alemán (1927), primera figura en temas éticos.

En Etica: cuestiones fundamentales, Spaemann se pregunta a lo largo de 8 conferencias radiofónicas (1981) qué es lo que determina que una conducta sea buena, es decir, moral. ¿Hay un bien y un mal objetivos, qué papel juegan los demás, basta con que sólo el fin sea bueno? ¿debo hacer todo lo que me dice mi conciencia?

El filósofo alemán concluye que lo bueno es lo que tiene en cuenta la realidad, la naturaleza de las cosas. Todo su análisis es racional y lógico, nada apasionado y lleno de razones y argumentos. Va desgranado su pensamiento paso a paso con un rigor impecable. En algunos momentos, a mi me hubiera gustado un poco más de desarrollo, algo imposible seguramente dado el formato de conferencia radiofónica. Me ha parecido riguroso, convincente y atractivo en su propuesta. Me he quedado con ganas de más, aunque me dice un experto que sus otros libros son más duros de leer.

Un botón de muestra:

El obrar sigue al ser. Sin duda que existen diferencias de rango, incluso entre los hombres. Hay hombres que tienen más altura moral que otros; y no es que les estén permitidas más cosas que a los demás; más bien tienen más obligaciones porque pueden, ven y entienden más que los demás. En general no aparecen como mejores que los demás, sino que la discrepancia entre lo que ven y lo que hacen es tan grande que más bien les hace sufrir. Sencillamente, ellos tienen una conciencia delicada. Siempre se le objeta al cristianismo el haber inculcado a los hombres el sentimiento de culpa. Esto es tan verdadero como falso. La verdad es que el cristianismo ha acrecentado el sentido de los valores, nos ha hecho más perspicaces para la realidad, y con ello ha limitado naturalmente las posibilidades de hacer algo injusto, o de omitir, sin culpa, algo bueno. Donde hay más luz, se destacan también más claramente las sombras.