Lucia Berlin. Manual para mujeres de la limpieza

BERLINLa norteamericana Berlin (1936-2004) tuvo una vida agitada: graves problemas de salud, lucha (que ganó) contra el alcoholismo, tres maridos, cuatro hijos y decenas de mudanzas y empleos. Al final de su vida comenzó a publicar (1991, 1993 y 1999) hasta llegar a 73 relatos, y fue ganando fama de escritora esporádica y deslumbrante. El año pasado se publicó en Estados Unidos esta amplia selección de cuarenta y tres piezas que ahora se traduce en España.

Muy inspiradas en sus propias experiencias, Berlin practica una especie de autoficción donde se mezcla invención y biografía. Sus personajes son personas corrientes a los que, por lo general, no van bien las cosas. Supervivientes, desorientados pero fuertes, en cuyas vidas somos introducidos de modo realista y significativo. No hay finales epifánicos sino más bien elusivos, pero sin la sensación de que se nos haya escamoteado nada. Pasan cosas en todas las historias, pero sobre todo destaca una voz narradora muy atrayente. Estilo directo sin florituras, frases básicamente enunciativas con mínimos comentarios o juicios. Predomina la primera persona y varios protagonistas (a veces con el nombre la escritora) aparecen en varias de las historias.

Historias de trabajo, de conflictos familiares, de alcoholismo, de personas mayores, de enfermos, de jóvenes llenas de sueños al inicio de la vida. Historias eléctricas, de ritmo telegráfico o más moroso, con sorpresas, giros y frases inesperadas, que muestran un gran talento para observar y una naturalidad poco común. Un acierto que podamos leer estos relatos llenos de humor y melancolía donde se advierte olor a verdad, a vida.

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Fontana. Muerte de un hombre feliz

FONTANAA principios de los ochenta se suceden los crímenes de sangre cometidos por la izquierda terrorista en Italia. El fiscal Giacomo Colnaghi lleva en Milán el proceso que investiga el asesinato de Vissani, un cirujano de la Democracia Cristiana. Es ayudado por dos compañeros, una magistrada izquierdista y otro fiscal procedente de una familia prestigiosa. Colnaghi es hijo de un obrero asesinado por los fascistas en los cuarenta. La historia de su padre, al que no llegó a conocer, se alterna con el presente de ese proceso judicial.

La novela es valiosa por varios motivos. El asunto de fondo es la justicia. El pasado familiar de Colnaghi, su trato con las víctimas de los brigadistas, los interrogatorios a los terroristas y su arraigada fe cristiana le llevan a reflexionar sobre el alcance de la ley humana, y cómo se relacionan con ella la piedad, la restitución del daño o el perdón. No son cuestiones frecuentes en la narrativa contemporánea.

Otro punto de interés es que se combina bien el ingrediente de historia social italiana (desde la posguerra hasta los llamados “años del plomo”), el suspense del proceso judicial y la historia personal del fiscal (sus relaciones familiares, sus ideales y  sus amigos, entre ellos un sacerdote y un librero con los que tiene sabias conversaciones). El círculo de muerte del odio, el rencor y la venganza sólo puede ser roto por el perdón. Colnaghi llega a sentir miedo y rabia como hombre, pero su sentido profesional y sus convicciones religiosas le impulsan a buscar una salida, incluso a riesgo de ser él mismo víctima de lo que trata de combatir.

El italiano Fontana (nacido en 1981, mismo año de los hechos que se narran) obtuvo con esta novela inteligente y dolorosa el premio Campiello. Un bello homenaje a los profesionales de la justicia que en Italia y otros países han llevado hasta sus últimas consecuencias la defensa de la verdad. 

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Sophie Hénaff y su comisaria Capestan

CapestanEn 36 quai de Les Orfèvres, la dirección más famosa de la novela policiaca francesa, han decidido reunir en un grupo a los policías quemados de todas las comisarías parisinas. Nadie los quiere en su grupo y resulta caro despedirlos. Gafes, adictos al alcohol o al juego, torpes especialistas en ciberdelitos, chivatos de Asuntos Internos y hasta una estrella algo escandalosa de la novela policiaca, todos al mando de Anne Capestan, una estrella en ascenso que ha metido gravemente la pata.

Les entregan expedientes de casos enterrados sin resolver sin ánimo aparente de que hagan nada con ellos. El inicio de la novela combina la presentación de los distintos componentes del grupo y de tres de los casos asignados: un camello de la droga, un marino asesinado veinte años atrás y una señora que apareció estrangulada en su casa hace seis años.

Los tres casos están bien y la trama es entretenida y bien resuelta. Pero lo mejor es el grupo. Capestan combina de modo explosivo una gran habilidad con las armas y un carácter impulsivo y con bajo autocontrol. Al mismo tiempo, ejerce un liderazgo empático que poco a poco va integrando a fuertes individualidades en un proyecto común, demostrar que pueden seguir siendo buenos policías. Sin coches, sin armas, sin apoyo, el experimento demuestra lo que puede lograrse haciendo todo lo que se puede con lo que se tiene, resolviendo con imaginación los problemas según se van presentando. Ninguno es perfecto pero todos suman.

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