El ser granadino. Nicolás López Calera

Demoledor análisis del espíritu granadino. Según el autor, catedrático de Filosofía del derecho, ya fallecido, lo esencial del granadino es la negatividad: cerrado, antipático, desconfiado y rácano. El ciprés, el agua, la distancia y el Carmen como símbolos de un modo de ver la vida. Conservador, parado, poco efusivo y calculador. Hasta las cosas positivas (profundo, serio, discreto) las convierte en defectos. El autor explica que no pretende provocar sino que las cosas cambien. En el prólogo, García-Montero no se muestra más optimista e incide en Granada como problema, con un adelante que explica su “absoluta falta de protagonismo en el panorama nacional”. Yo vivo aquí y algo de todo eso hay, pero también conozco a muchas personas que no son así. Un análisis poco equilibrado y de alcance limitadamente local.

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Paulina Flores. Qué vergüenza

Debut de la joven escritora chilena. Libro destacado en los balances del 2016 hechos por los suplementos literarios. Nueve relatos con historias de desempleo, de familias frágiles, de pérdidas de inocencia y de comienzos de madurez adulta. Con mezcla de crudeza y sensibilidad y un estilo muy femenino de ver las cosas. Quieren ser historias impactantes en torno a diferentes tipos de abusos y frustraciones. La primera, que da título al libro, es sin duda la mejor. Las demás me han gustado más bien poco y alguna no he llegado a saber del todo de qué iban.

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Prólogos con un prólogo de prólogos. Borges

En este libro de 1975 se recopilan prólogos dispersos escritos entre 1923 y 1974.  Elegidos por el editor Torres Agüero, ofrecen un buen resumen de los intereses del escritor argentino.

En el formidable prólogo de prólogos se lee:

El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género. (…) El prólogo, cuando son propicios los astros, no es una forma subalterna del brindis, es una especie lateral de la crítica.

A pesar de su opinión (“Un libro (creo) debe bastarse”) Borges los escribió con profusión. El hecho estético es, por esencia, repetía, inexplicable. Y sin embargo acierta a justificar muy bien porqué unos sí y otros no, por que hay autores que lo consiguen, y vale la pena leerlos, y otros fracasan, con independencia de la fama que tengan.

Los textos son más largos y elaborados que los de Biblioteca personal, y, quizás por ello, un puntito menos brillantes y fulgurantes. La erudición del argentino es apabullante. Extraordinario el dedicado a Macedonio Fernández. Sus afectos y antipatías literarias salen por todas partes. Hay opiniones y párrafos ya leídos en otras partes (por ejemplo, en Otras inquisiciones, pero eso es lo de menos).

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