Chandler. Adiós, pequeña

CHANDLEREn Adiós, pequeña un tipo gigantesco sale de la cárcel y busca a su antiguo amor y a quien le denunció. Al mismo tiempo, un gigoló estafador es asesinado mientras se dispone a recuperar un collar de jade. Marlowe de por medio en dos casos que terminan siendo uno.

Nuestro detective es el de siempre: su pipa, su botella, sus flirteos, su cabezonería y su intuición. Y su lengua. Esta novela, más que otras suyas, es de una esgrima verbal agotadora. En la novela hay mucha gente a la que molestan los chistes continuos de Marlowe, que terminan por hacerse cargantes al lector más entregado.

Joyas, drogas, whisky, estafas, asesinatos, corrupción policial. Se me ha hecho pesada. A la mitad mi principal interés era que terminara de una vez. Muy por debajo de El sueño eterno y de El largo adiós. Va a resultar que su calidad no es tan constante como ocurre, por ejemplo, en Hammett.

Cartarescu. Las Bellas Extranjeras

CARTARESCUEsperaba más de este libro de Cartarescu. Son tres artículos-reportajes en tono coloquial y algo machacón en los que el escritor relata sucesos que le han ocurrido. Exagera y estira la anécdota hasta el infinito, sobre todo en el relato central, el más pesado.

Ántrax es una paranoia kafkiana en torno a un sobre que recibe por correo el autor, que le sirve para dar un áspero (y a ratos divertido) repaso a las autoridades de su país, a los políticos, a los escritores y al arte moderno.

El viaje del hambre cuenta una lectura de poemas en un sitio perdido. Rumanía queda retratada muy en blanco y negro, resultando sobre todo un país pobre, sucio y deprimente.

Las Bellas Extranjeras relata un viaje de quince días por Francia de un grupo de escritores rumanos. No añade mucho más a todo lo anterior y encima es muy largo.

Cartarescu es ocurrente, original, divertido y gamberrete. Y tiende a enrollarse. Me gustaron más los relatos que les comenté.

Diario de una dama de provincias. Delafield

DELAFIELD_Dama de provinciasNovela de 1930 publicada antes en capítulos en una revista semanal. Ella recoge en su diario las ocurrencias de su mundo: clase alta, su marido y dos hijos, sus vecinos, el servicio, qué me pongo, qué hago con esta planta, por qué me habrá dicho esto fulanita, qué le pasa a mi gato, qué comemos hoy, odio a menganita, me voy haciendo mayor. A las diez páginas sabía que esto no era para mí, no por el tema y no porque no he conectado con el supuesto “sentido del humor” de este libro. Tiene buenos momentos, por ejemplo en las “notas” que terminan algunas de las entradas del diario, en las que hay algo de pensamiento a modo de breves y sinceras reflexiones. Un moralismo ligero con sentido común y cierta gracia.

Las aspiraciones vagamente culturales de una clase básicamente ociosa, el no siempre fácil diálogo hombre-mujer, la mentira instalada en la vida social, las minucias que sobrepasan cuando no se tiene un quehacer realmente importante, lo inglés, lo francés.

Este libro tuvo mucho éxito en Inglaterra. Hay tres más y ya ha salido el segundo en España. Yo me conformo con la mitad del primero.

No lo descarten. Esto tiene su público.