Un buen hijo. Bruckner

BRUCKNER_Buen_hijo“Crecer es inventar la propia vida: envejecer es reducirla a algunos elementos anteriores”. Bruckner arremete con violencia contra los fantasmas de su pasado familiar e indaga en este libro memorialístico en la filiación y en la paternidad. El controvertido ensayista francés (París, 1948) arranca sus recuerdos en el momento en que se rompió la confianza ciega que se establece entre un hombre y su padre. Recorre una infancia dolorida con un progenitor violento y despótico, que engaña y maltrata a su mujer. Un relato estremecedor de violencia conyugal con el ingrediente de la asombrosa sumisión de la madre. Luego vendrá la cuestión del antisemitismo y racismo general del padre y su colaboración con el régimen nazi. ¿Se puede querer a alguien así? Es el grave conflicto que aborda este crudo y desasosegante relato de formación, cuya conclusión será aún más confusa por la bomba final.

Un buen hijo es una investigación sobre el resentimiento, un balance sobre lo que ha perdonado y lo que no, una vez fallece su padre en 2012. Paralelamente al crecimiento de este odio, el autor nos cuenta sus años de formación. Lecturas, pérdida de la fe, inicios sexuales, izquierdismo, mayo del 68, Sartre y sus otros padres, la vocación de escritor, etc. El libro combina un estilo de autobiografía y ensayismo, en el que los recuerdos alimentan ideas, y al revés. Se muestra negativo hacia la educación católica recibida en Lyon y confiesa una fe reducida a emoción estética.

Morris. La coronación del Everest

everest.inddEn la cordillera de Himalaya, en la frontera entre los herméticos Nepal y Tibet, se encuentra la cima más alta de la tierra. Fue cartografiada en 1856 como Pico XV y hubo intentos serios de escalarla desde 1921. Mallory, el inglés que escalaba montañas “porque están ahí”, desapareció allí en 1926. Nunca se sabrá si fue el primer hombre en la tierra en poner sus pies a 8.848 metros a nivel del mar. Hillary, otro inglés, contemplando las montañas de Nepal en 1921, había escrito en su diario: “¡Qué grandeza del mundo! Casi todos los misterios están ya despejados y apenas quedan tierras desconocidas por contemplar”. Quedaba el Everest. En mayo de 1953, coincidiendo con la coronación de la reina Isabel en Inglaterra, Hillary y el sherpa Tenzing, formando parte de una expedición dirigida por Hunt, la pisarán oficialmente por vez primera. Un hito del S. XX.

En esa ocasión, por primera vez, un periodista profesional de The Times acompañó a la expedición y empleó un complejo sistema de porteadores y mensajes cifrados para transmitir sus crónicas. Cinco años después de los hechos publicó este libro. Morris hace un buen periodismo en fondo y forma, con buen estilo y agradables dosis de ironía británica. Iba en la retaguardia de la expedición y no fue testigo presencial directo del hecho. No se centra en las cuestiones técnicas del alpinismo ni da excesivos detalles, y se ocupa más de transmitir impresiones y valorar lugares, personas y situaciones. Es evidente que la hazaña deportiva le impresionó, pero también nos hace llegar con buen pulso y pasión el ambiente de Katmandú, el carácter de los protagonistas o cuestiones marginales como la vida de los sherpas o la leyenda del Yeti.

Materializando el verso de Tennyson que se cita (“Luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás”), la pasión por el descubrimiento y por alcanzar los lugares extremos del planeta mueve misteriosamente a los alpinistas de alto nivel. Con su mezcla de orgullo, ambición, esteticismo, mística y masoquismo, estos aventureros pueden inspirarnos también para la vida cotidiana a ras de tierra.

Asán. Vladimir Makanin

MAKANIN_AsánLa historia entre Rusia y Chechenia deja un largo reguero de odios y venganzas. Muchos opinan que la novela de Makanin es la que mejor refleja la contienda. El autor (Orsk, 1937) es un matemático, cineasta y novelista ruso de éxito. Con esta novela ganó el premio literario más prestigioso de su país en 2008.

Asán se ambienta en la segunda parte de la guerra en Chechenia, en los años 1997-1998 y cuenta la historia del mayor Zhilin, un militar corrupto, intendente, que trafica con el combustible que debe administrar. Rusos y chechenos se disputan el petróleo, la sangre de la guerra, los generales de los dos ejércitos enemigos y los señores de la guerra toman el té juntos, negocian, intercambian armas y comida. Les interesa más administrar la guerra que ganarla. Las diferencias ideológicas, nacionales y religiosas se difuminan en las bandas formadas por excombatientes de ambos bandos. A su lado coexisten pequeñas células bélicas familiares donde sólo manda la avaricia y la venganza.

La extensa narración cuenta una larga sucesión de combates, convoyes asaltados y relaciones extra bélicas entre los dos bandos. Makanin escribe con un estilo descarnado, fresco, impresionista. Hay diálogos de gran viveza y naturalidad. Su tono antibelicista, también presente en otras narraciones (como en El prisionero del Cáucaso y otros relatos, también publicada en España) se subraya con las frecuentes referencias a Asán, divinidad, fetiche o ídolo, santo y seña de los insurgentes, una especie de leyenda caucásica metida en el alma de los montañeses chechenos, que, en el fondo, termina siendo reemplazado por el dios de la avaricia.