En la orilla. Chirbes

Chirbes
La crisis económica ha obligado a Esteban a cerrar su pequeño negocio de carpintería y ha llevado al traste, al mismo tiempo, sus negocios inmobiliarios. Al final de su vida se encuentra cuidando a un padre con el que tiene una relación complicada, añorando a la única mujer que quiso y que se casó con otro, separado interiormente de unos amigos de juergas y negocietes a los que ya sólo une la mesa de dominó y arruinado tras una vida trabajando en algo que nunca le llenó realmente. El pantano de Olba, lugar donde han ido a parar durante años los residuos de las obras de la zona y la carroña de hombres y animales, hace de trasfondo físico y metafórico a esta sombría historia de frustración.

Olba opera como microcosmos representativo de toda la sociedad, a la que vemos retratada a partir de múltiples voces. Chirbes se sirve de los amigos de Esteban para explicar los años precedentes de burbuja inmobiliaria, pelotazos y corrupción (bien retratados en Crematorio, su novela anterior, cara A de En la orilla); la colombiana que ayuda en la casa representa la vida de los emigrantes y un áspero infierno matrimonial; el padre de Esteban es el soporte de las opiniones vertidas sobre la enfermedad y la vejez y además representa, aún, la atávica lucha entre las dos Españas. Los empleados de la carpintería que quedan en la calle, cuyas voces se alternan en el relato con la de Esteban, reflejan la rabia del desempleo.

“Decir hombre inocente es un oxímoron”, se dice en algún momento, “es juntar dos palabras contradictorias”. Esteban sólo espera del ser humano lo peor. Todo (la familia, el amor, la fe, la amistad y el trabajo) está contaminado por la avaricia, la gula y la lujuria. Cuanto toca el hombre se estropea, y al final sólo nos queda el placer que hayamos podido arrancar a esta amarga vida. Las referencias a la sexualidad están por todas partes, casi siempre en clave animal y fisiológica y en un contexto adúltero o mercenario. Esta dura diatriba contiene también frecuentes y molestas expresiones antirreligiosas, ya sea en tono de burla, de irreverencia o de procacidad de muy mal gusto.

Chirbes ha dicho en una entrevista reciente que “No me gusta tratar al lector como a un gato al que se le pasa la mano a favor del pelo. Hay que pasársela a la contra, para que se levante”. Y lo logra. El universo retratado de sexo y dinero resulta tan desabrido e incómodo y brutal que pierden interés su firme estilo, su estupendo castellano, su intenso ritmo narrativo y, en esta ocasión, la brillante y oportuna imbricación de ambiente físico e historia. Chirbes tiene mucha calidad literaria, es realismo crítico, es estética expresionista y es simbolismo de los buenos pero es también, o sobre todo, especialmente en esta obra, una pluma que destila básicamente amargura.

Autor: Javier Cercas Rueda

En 1965 nací en Sevilla, donde he vivido casi treinta años con un pequeño paréntesis de cuatro en Jerez. En 1994 me trasladé a Granada, donde sigo desde entonces. Estudié Economía general, he vivido once años de mi vida en Colegios Mayores, y desde 1995 hago crítica de libros y he mantenido diferentes relaciones con el mundo de la comunicación. Entre las cosas que me hacen más feliz están mi familia, mis amigos, los libros que he leído y haber subido en bici el Galibier. AVISO IMPORTANTE Conviene volver a recordar que el autor de estas entradas, Francisco Javier Cercas Rueda (Sevilla, 1965), que firma sus escritos como Javier Cercas Rueda (en la foto a la derecha) y José Javier Cercas Mena (Ibahernando, Cáceres, 1962), que firma los suyos (como Soldados de Salamina) como Javier Cercas, somos dos personas distintas.

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