Charlotte Carter

Ivy y Woody son tíos abuelos de Cassandra y forman una familia negra acomodada, pero que no olvida sus orígenes y lealtades. Un amigo de su anterior barrio les habla de su nieta desaparecida y deciden echarle una mano, aprovechando los contactos de Woody, antiguo recaudador de un gángster, con algunos políticos y policías. Acaban de asesinar a Martin Luther King y el ambiente universitario de Cassandra está revuelto. Lo que empieza como un inocente pasatiempo de unos investigadores aficionados, acaba convirtiéndose en una fea historia de abusos a menores, prostitución, asesinatos y policías corruptos.

La novela es breve e intensa y está construida a modo de puzzle. Lo mejor es la fuerte personalidad de Cassandra y de sus parientes, que conducen las indagaciones con tenacidad, imaginación y no poca valentía. Cass va narrando todo en primera persona, de forma directa y natural, mezclando los hechos con la descripción del ambiente social racista y revanchista y con la confesión de sus propios temores y problemas personales. No hay pasajes escabrosos ni descripciones desagradables, pero eso no oculta la sordidez de todo el asunto. La sombra de la revolución sexual está presente.

Carter (Chicago, 1943) tiene una serie dedicada a otro detective y Arde Chicago es el primer libro protagonizado por Cass Lisle.

Elogio de la antipatía

Babilonios somos; no nos vuelva la tentación de levantar ninguna torre juntos. Más bien, ¡dejémonos ya de una vez por imposibles los unos a los otros, como buenos hermanos!
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La simpatía es un arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un medio, un ámbito de vida pública, en que los hombres puedan allegarse en algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros. La antipatía es resistencia y repugnancia a simular y escenificar –abyectamente- un mundo que no existe.

Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Robinson

Gilead es un pequeño pueblecito americano, y este libro es la larga carta que el pastor John Ames (76 años) escribe a su hijo (7 años). Es un repaso de su vida, un examen de los grandes temas y un testamento. No hay grandes hechos ni pesados discursos y sí infinidad de pequeñas cosas, íntimas, interesantes sólo para personas del círculo familiar más cercano. Gilead es una confesión, un acto de consejo, una declaración de amor. Amor, en primer lugar, al acto de escribir.

Ames es pastor protestante, como lo fueron su padre y su abuelo. La religiosidad está muy presente en todo. También la vida sencilla y tranquila. La soledad, la guerra, la fe, la paternidad, los celos, la amistad, este es el material de la novela, que ganó el Pulitzer y el National Critic Circles Award de 2005.

Una lectura agradable, no apasionante pero de innegable calidad.