Síndrome E

Lucie investiga en Lille un caso de ceguera histérica producido tras el visionado de un extraño cortometraje de los años 50. Sharko se ocupa en Rouen de cinco cadáveres a los que se han enucleado los ojos y sacado los cerebros. Las dos investigaciones se conectan. Ambos son muy buenos en su trabajo y difíciles de controlar por sus superiores. Tienen pasión por la persecución y no siempre siguen del todo las reglas.

Detrás de todo se esconde un caso monstruoso que involucra al ejército, a la CIA y a instituciones de acogida de huérfanos, y que lleva a los investigadores a Egipto y a Canadá. El objetivo: la contaminación mental, la inducción de conductas usando imágenes y manipulando el inconsciente.

La trama es sólida. Los protagonistas resultan buenos personajes. Dos pegas: un poco demasiado largo y algunos diálogos poco trabajados (o forzados, o grandilocuentes o poco naturales). Bien en conjunto.

Es mi primer contacto con Thilliez pero creo que hay más historias anteriores de Frank Sharko.

Dar la murga

Dar la lata

Son muchas las versiones que circulan respecto de la procedencia del dicho, aunque todo induce a creer que proviene -por imitación- de los antiguos dichos dar la tabarra o dar la murga, con los que se daba a entender el fastidio ocasionado por alguien que golpea instrumentos de percusión tales como zambombas, palos y cencerros, para festejar las segundas nupcias de una viuda o de un viudo. Posiblemente, al aparecer en el mercado la hoja de lata (luego, hojalata) como producto de uso común, los recipientes vacíos de ese material fueron incorporados al equipo sonoro de las «cencerradas». De manera que la expresión dar la lata, o sea, percutir sobre ella, no hizo más que extender el concepto tradicional de dar la murga.

También se ha documentado que la frase podría provenir de la ciudad de Málaga, en cuya cárcel los presos solían comprar una lata de mosto condimentado con sobras de vino, licores y aguardientes que al ser bebidos, provocaban en los detenidos una intensa borrachera y, como consecuencia, un deseo incontenible de hablar. El uso popular, sin embargo, le ha adjudicado al dicho el significado de fastidio causado por cualquier inoportuna insistencia, aunque entre nosotros se lo aplica lisa y llanamente a quien posee la característica de hablar por demás.

La muerte de Magraner

Jordi Magraner (1958-2002) fue un zoólogo de origen valenciano y criado en Francia que pasó los quince últimos años de su vida en Chitral (Pakistán) llevando a cabo expediciones científicas a la búsqueda del Yeti.

No se ha determinado la persona que lo mató. Resultaba incómodo para muchos. Era un aventurero entusiasta, inteligente y apasionado, independiente de la comunidad científica y de las autoridades políticas. Tuvo que hacer frente a desavenencias con el estado francés, de quien dependían sus fondos, y para quien parece que no estuvo dispuesto a llevar a cabo misiones de espionaje. Terminó interesándose en acciones de ayuda humanitaria y llegó a convertirse en líder de la comunidad pagana kalash, por lo que tampoco era estimado por los talibanes. Le persiguieron asimismo rumores sobre la naturaleza de su relación con niños a los que acogía en su casa. Los desengaños y el embrutecimiento pudieron ponerle en relación con el tráfico de drogas. Todas estas hipótesis se han considerado sin que se haya llegado a esclarecer su muerte.

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