Familia. Natalia Ginzburg

GINZBURG_FamiliaFamilia recoge dos novelas cortas de Natalia Ginzburg. No son muy buenas.

La primera, Familia, contiene una maraña de relaciones y traiciones consentidas que resultan pesadas de leer y poco verosímiles. Los personajes se multiplican en pocas páginas. Es como un equilibrista con varios platillos que deja agotados y ansiosos a los espectadores. La segunda, Burguesía, habla de una viuda. La mujer del cuñado de la viuda se lía con el marido de la hija de la viuda. Y hay gatos.

Un retrato detallista y descarnado de auténticos campeones del despiste. Gente mediocre y vacía. Lo positivo: brevedad y estilo.

Un buen hijo. Bruckner

BRUCKNER_Buen_hijo“Crecer es inventar la propia vida: envejecer es reducirla a algunos elementos anteriores”. Bruckner arremete con violencia contra los fantasmas de su pasado familiar e indaga en este libro memorialístico en la filiación y en la paternidad. El controvertido ensayista francés (París, 1948) arranca sus recuerdos en el momento en que se rompió la confianza ciega que se establece entre un hombre y su padre. Recorre una infancia dolorida con un progenitor violento y despótico, que engaña y maltrata a su mujer. Un relato estremecedor de violencia conyugal con el ingrediente de la asombrosa sumisión de la madre. Luego vendrá la cuestión del antisemitismo y racismo general del padre y su colaboración con el régimen nazi. ¿Se puede querer a alguien así? Es el grave conflicto que aborda este crudo y desasosegante relato de formación, cuya conclusión será aún más confusa por la bomba final.

Un buen hijo es una investigación sobre el resentimiento, un balance sobre lo que ha perdonado y lo que no, una vez fallece su padre en 2012. Paralelamente al crecimiento de este odio, el autor nos cuenta sus años de formación. Lecturas, pérdida de la fe, inicios sexuales, izquierdismo, mayo del 68, Sartre y sus otros padres, la vocación de escritor, etc. El libro combina un estilo de autobiografía y ensayismo, en el que los recuerdos alimentan ideas, y al revés. Se muestra negativo hacia la educación católica recibida en Lyon y confiesa una fe reducida a emoción estética.

Morris. La coronación del Everest

everest.inddEn la cordillera de Himalaya, en la frontera entre los herméticos Nepal y Tibet, se encuentra la cima más alta de la tierra. Fue cartografiada en 1856 como Pico XV y hubo intentos serios de escalarla desde 1921. Mallory, el inglés que escalaba montañas “porque están ahí”, desapareció allí en 1926. Nunca se sabrá si fue el primer hombre en la tierra en poner sus pies a 8.848 metros a nivel del mar. Hillary, otro inglés, contemplando las montañas de Nepal en 1921, había escrito en su diario: “¡Qué grandeza del mundo! Casi todos los misterios están ya despejados y apenas quedan tierras desconocidas por contemplar”. Quedaba el Everest. En mayo de 1953, coincidiendo con la coronación de la reina Isabel en Inglaterra, Hillary y el sherpa Tenzing, formando parte de una expedición dirigida por Hunt, la pisarán oficialmente por vez primera. Un hito del S. XX.

En esa ocasión, por primera vez, un periodista profesional de The Times acompañó a la expedición y empleó un complejo sistema de porteadores y mensajes cifrados para transmitir sus crónicas. Cinco años después de los hechos publicó este libro. Morris hace un buen periodismo en fondo y forma, con buen estilo y agradables dosis de ironía británica. Iba en la retaguardia de la expedición y no fue testigo presencial directo del hecho. No se centra en las cuestiones técnicas del alpinismo ni da excesivos detalles, y se ocupa más de transmitir impresiones y valorar lugares, personas y situaciones. Es evidente que la hazaña deportiva le impresionó, pero también nos hace llegar con buen pulso y pasión el ambiente de Katmandú, el carácter de los protagonistas o cuestiones marginales como la vida de los sherpas o la leyenda del Yeti.

Materializando el verso de Tennyson que se cita (“Luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás”), la pasión por el descubrimiento y por alcanzar los lugares extremos del planeta mueve misteriosamente a los alpinistas de alto nivel. Con su mezcla de orgullo, ambición, esteticismo, mística y masoquismo, estos aventureros pueden inspirarnos también para la vida cotidiana a ras de tierra.