Historia del mundo en el S. XX. Onésimo Díaz

DÍAZ_HistoriaPara los que nos gustan las historias sencillas de lo que sea (de la música, del arte, del cine, de la filosofía…), visiones globales y claras, y en un volumen, estos libros están fenomenal. Este tercero de la serie de Díaz se ocupa del mundo entero (antes fueron Europa y España) en todo el siglo XX: grandes hechos históricos (guerras, economía, sociedad, religión, política) y su reflejo en biografías, novelas y películas.

A favor: la ambición y el esfuerzo de síntesis, la selección de asuntos, la claridad al explicar los porqués (aportación clave, pienso, de un historiador), la extensa bibliografía final y la elección bastante certera (en general) de libros y películas. En contra sólo dos cosas: los infinitos paréntesis con cita tras casi cada párrafo que restan fluidez a la lectura y el resultado enciclopédico (quizás se tocan demasiados asuntos: resulta algo pesado para leer seguido: un libro más para tener y consultar).

Balance: una lectura claramente recomendable.

Wroe. El chef

WROE_El_ChefWroe ha sido chef y ahora escribe en periódicos sobre comida. Esta es su primera novela. Intenta explicar desde dentro en clave humorística y escandalizante el mundo de la cocina profesional. El narrador quiere dedicarse a la escritura pero no tiene dinero, así que entra a trabajar como pinche en un restaurante londinense. Allí se encontrará con el terrible chef Bob y urdirá con los otros empleados un estrafalario plan para desbancarlo.

La novela es puro diálogo, lleno de palabras malsonantes, obscenidades y situaciones un poco locas. Wroe quiere ser divertido e ingenioso pero sólo es vulgar.

Cómo aprendí a leer. Desarthe

DESARTHE_Aprendi a leerBreve y jugoso libro de memorias sobre la delicia del aprendizaje, la narración de cómo la autora consiguió encajar dos piezas de imposible incompatibilidad: su rebelde rechazo a la lectura y su clara vocación por las letras, como creadora y como traductora.

Es curioso que hable de librofobia alguien que había leído a los quince años a Duras, Camus y Faulkner, por ejemplo. Luego vino la epifanía flaubertiana en la Escuela Normal Superior (aunque no explica bien en qué consistió, es algo relacionado con aprender teoría literaria). Superó afortunadamente las diferencias que veía en si misma (mujer, hija de emigrantes judíos, no sentirse suficientemente francesa, etc). Balzac por fin, Ozick, Bashevis Singer. Finalmente, la tarea de traducir.

Me he apuntado lo que explica de los cuatro sentidos de la palabra:

P’shat: el evidente, el significado más inmediato;
Remez: el alusivo, lo sobrentendido, lo que se deduce;
Drosh: el inducido, interpretado, investigado;
Sod: el secreto.