Deghelt. La lectora de Jade

jadeEsta novela francesa tiene cosas interesantes, como la visión positiva de la vida cuando ya se tienen muchos años y se es menos «util» y el amor a la lectura, pero atrapa poco, es sentimentalona y cuando llevas cien páginas sientes aún poco interés por los personajes. Entonces notas con claridad que esto no está funcionando y te preguntas razonablemente para qué seguir.

Las ideas que quiere transmitir la autora se entremeten de forma postiza en los diálogos de los personajes restándoles naturalidad. La lectura como independencia, como vehículo de libertad, como una segunda vida paralela que de ningún modo se quiere dejar una vez iniciada.

Les digo de qué va por si, a pesar de todo, alguien se anima: Jade (periodista free-lance) se lleva a su abuela a vivir a París para que sus tías no la ingresen en una residencia. Conocerá el pasado de lectora secreta de su abuela, una persona buena que siempre encuentra un motivo para excusar el egoísmo de los demás, y ésta le ayudará en la novela que está escribiendo.

Pagnol. Jean de Florette

aion���-x{ª zª@ä^a½Ñ?�xposureMode�ð¹Marcel Pagnol escribió unas memorias deliciosas en tres libritos, ágiles y fáciles de leer. Tiene también dos novelas ambientadas en la vida campesina provenzal agrupadas bajo el título El agua de las colinas. En España las publicó la colección Novelas y Cuentos, y están descatalogadas desde hace mucho. Por casualidad me he encontrado con la primera de ellas (Jean de Florette) y la he leído.

Las Quintas es un pueblecito de brutotes donde “nadie se ocupa de lo ajeno” y el agua es un bien preciadísimo. El viejo Papet y su sobrino harán lo imposible por hacerse con las tierras de Jean de Florette, quien desconoce la existencia en ellas de un precioso manantial. Astucia y paciencia contra trabajo y mala suerte.

Está bien, aunque es muy inferior a las memorias. Si algún día encuentro la segunda…

Olafsdottir o la dificultad de repetir éxito

Rosa cándida fue una refrescante sorpresa del 2011, a pesar de no contener ningún elemento especialmente original. Olafsdottir gustó a todo el mundo con esa encantadora y delicada historia de amor. Por eso se la esperaba, y por eso el trabajo que nos llega ahora es insuficiente, sin altura. No es malo, pero sí claramente inferior.

Una mujer recién divorciada emprende un viaje por Islandia acompañada del hijo pequeño de una amiga. Una vidente le anuncia amores (tres) y que uno de ellos será definitivo. Ella está empeñada en eludir el rol de la maternidad. Ni los personajes, ni la historia, ni el tono ni el mensaje están al nivel de los de Rosa candida. La mujer es una isla no es positiva, es vulgar, es lo de siempre, y ni siquiera entretiene.

Decepción.