Uriarte, dos

Segunda entrega de los diarios de Iñaki Uriarte, notas de los años 2004 a 2007. Leído el primer volumen, este se saborea con la familiaridad con que se trata a conocidos. Están todas las mismas cosas, sin gritar, con sentido común.

Imperdonable que hable de los “tronos” de la Semana santa de Sevilla.

Me anoto buscar las cartas de Madame Du Deffand (ya las vi citadas también en Cioran) y echar un vistazo a los diarios de García Martín.

He anotado bastantes detalles que sería prolijo señalar aquí. Baste decir que he disfrutado esta lectura como la primera y que la recomiendo.

Aramburu. Peces de la amargura

Me he topado con este libro que tenía en mi cartera mental desde hace años. Cuenta, en diez-doce relatos, la realidad de la violencia terrorista en el país vasco: cómo sigue con su vida la víctima ocasional de un atentado que le ha llevado una pierna, cómo sufren los familiares de alguien amenazado, la violencia callejera, la presión de los vecinos, el odio, traumas que no se curan en toda una vida. Está bien que se escriban libros así, desgraciadamente no basados precisamente en ficciones.

Los hechos narrados tienen fuerza en si, pero, como libro, todo es un poco lo mismo. Las variantes narrativas (crónica, cartas, relatos en primera persona, relatos por un testigo, etc) sólo aportan una variedad aparente. El primer relato, que da título al libro, está muy bien y conmueve. Todo lo demás es abundar en la irracionalidad e inhumanidad de la excusa política para el crimen.

Ginzburg. Pequeñas virtudes

Estupendo libro. Once textos recopilados, escritos por la escritora italiana entre los 28 y los 46 años, que podríamos calificar de ensayos autobiográficos. Desprenden intimidad, nostalgia, melancolía, ternura, delicadeza. Evoca personas y lugares, el estímulo de la amistad, la unión de la vida matrimonial. También la importancia de la lectura y la vocación por la escritura. También la experiencia del mal, la guerra y el exilio.

Me han gustado especialmente el que describe las relaciones humanas (familia, compañeros, amigos, marido e hijos, estos últimos “el prójimo por excelencia”) y el de la educación (ir a por lo grande).

Sin proponérmelo, ya han caído en mis manos tres libros de la Ginzburg, la novela Léxico familiar (que no me llamó mucho la atención), su ensayito biográfico sobre Chéjov (interesante) y éste, el que más me ha gustado sin duda.