El hombre del revés. Vargas

En 2011 se ha publicado la última novela de Fred Vargas y, a la vez, se ha traducido por primera vez una de las primeras, de 1999. En los Alpes comienzan a aparecer ovejas con la garganta destrozada. Por medio andan un naturalista canadiense experto en osos y lobos, Camille, antigua novia de Adamsberg y un cortejo de personajes vargasianos (singulares e irrepetibles). Nuestro inspector se interesa desde París por el asunto.

Como en La tercera virgenVargas vuelve a flitrear con las leyendas. Sean aparecidos o licántropos, la francesa  tontea con lo irracional de un modo envolvente e irresistible, sin romper nunca el pacto de realismo indispensable en el género, si es que sus libros tienen alguno. En esta historia conocemos aún un poco mejor el carácter de Adamsberg, su legendaria indolencia y su modo tan personal de llevar las cosas y sus relaciones con las personas. Es un personaje muy atractivo.

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Ayllón: Desfile de modelos

Desfile de modelos, análisis de la conducta ética, resultó finalista del premio Anagrama de ensayo en 1996.

Es un libro que reclama una segunda lectura pues condensa muchos conceptos, citas, autores y visiones, en un apretadísimo e intenso resumen. De sus ocho capítulos, me han gustado especialmente los dedicados al placer (Freud), el deber (Kant, Nietzsche) y el amor y los sentimientos. Ayllón bebe de la literatura con mayúsculas (Homero, Shakespeare, Dostoievski) y de los pensadores clásicos (Aristóteles, Platón, Marco Aurelio, Séneca), todo bien digerido y puesto en relación.

Lo mejor desde luego es leer a los originales pero, no nos engañemos, eso van a hacerlo muy pocos. Y aquí entra Ayllón.

Chéjov según Ginzburg

El prestigio de Chéjov entre escritores, particularmente de relatos, no tiene parangón. Lo cierto es que a mi nunca me han entusiasmado sus cuentos, ni tampoco especialmente su teatro, y quiero arreglar esta falta de sintonía que achaco a mis limitaciones. No es que me empeñe en que algo me guste, es que en este caso intuyo que estoy equivocado. Así que me propongo intentarlo de nuevo y me he conseguido un par de buenas selecciones (una de Richard Ford y otra de 16 relatos comentados por otros tantos escritores). Ya les contaré.

Para calentar motores, un breve ensayito de Natalia Ginzburg editado por El Acantilado. Se lee del tirón de bien escrito. Destaca la forma extraordinaria (brusca, ligera, fulminante e imperiosa) de introducir una historia, como abrir una ventana y mostrar los rasgos de una o varias personas (ver sus rasgos, oír sus voces, intuir sus estados de ánimo) y luego cerrarla ante el lector absorto, estupefacto y divertido. Alternancia de comicidad y melancolía, piedad y dolor fríos. Sus personajes comentan continuamente, pero el escritor nunca lo hace, nunca da ni quita la razón a nadie.