Bartlett

Ritos de muerte. A raíz del artículo que preparé a principios de año sobre novela negra, sigo poco a poco rellenado lagunas. Ha sido el turno de Alicia Giménez Bartlett, que lleva varias novelas protagonizadas por la inspectora Petra Delicado (Barcelona). En la primera presenta a su personaje, y a su ayudante (que no sé si sigue en las siguientes), enfrentados a un feo caso de violador reincidente. Ella es una intelectual con poca experiencia de calle y él un poli casi jubilado. Lo mejor del libro es la relación entre ambos.

«La vida es tan fea…» dice casi al final Petra. El fondo de la historia es tan negro como los hechos que se cuentan. Petra tiene en contra a sus dos ex-maridos, a los delincuentes, a las víctimas y a sus familias, a sus jefes, a algún compañero, a los periodistas; además debe vencer la hostilidad hacia una mujer en un trabajo de hombre. Una carrera de obstáculos.

No está mal la novela, aunque un poco vista toda la cuestión de lucha de sexos y muy endeble la interpretación social del delito. Está escrita correctamente y con un perfil no excesivamente duro.

Russo

Con gran ilusión acometo lo último de Russo. No me olvido de que tengo pendiente Empire Falls. Jack y Joy proyectaron su vida en común durante la luna de miel. Treinta y cinco años después, asisten a la boda de la mejor amiga de su hija y comparan sus sueños primeros con la realidad. Para ellos han sido determinantes las fronteras marcadas a sus respectivas familias de sangre. La de él, un matrimonio roto de irónicos profesores universitarios, que sólo lograban ser felices los escasos días que pasaban cada año veraneando en la costa, en el Cape, imagen de lo inalcanzable. La de ella, un revoltijo bullicioso y menos refinado de numerosos hermanos y padres más afectivos. Jack lleva las cenizas de sus padres para esparcirlas en el Cape, en un momento en el que su propio matrimonio atraviesa un bache importante.

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King y Maxwell de nuevo

Tercera novela de Baldacci protagonizada por Sean King y Michelle Maxwell. Investigan un cadáver que aparece en un centro de cerebros matemáticos que investigan sobre ordenadores cuánticos. Enfrente hay un campo de formación de élite ultasecreto de la CIA. El FBI y la DEA también andan por ahí, en una turbia nebulosa de intereses y métodos poco limpios. Mapas, túneles, tesoros, códigos nazis, espías, torturas, conspiración, drogas… a Baldacci se le va un poco la mano esta vez.

Sólo la historia de la investigación sobre la infancia de Michelle aporta un poco de entidad emotiva en un thriller hipertrofiado de acción. Todo muy llevadero, como siempre en este autor, en violencia y demás. Además, no me acordaba de nada de las anteriores andanzas de los dos investigadores, pues entre medias Baldacci ha introducido varios episodios del Camel Club. De todas , aunque lejos de sus mejores libros, es entretenida.