Basta de gulags

Me ha dicho poco la pérdida de Solyenitzin. Literariamente, quiero decir. Lamento la pérdida humana pero siempre he pensado que es un escritor de prestigio exagerado, de fama inflada por razones extraliterarias. Compadezco todo lo que sufrió y admiro su deseo de contarlo, pero de ahí a la gloria literaria…

Sólo he leído (y en diagonal) su Archipiélago Gulag. Me pareció una obra repetiva, excesiva, agotadora, llena de odio, exagerada. No es que no contara cosas ciertas, es que no necesito que me repitan algo treinta veces para enterarme, y menos a gritos. Tiendo a dar poco crédito a los exaltados.

A lo mejor algún día leo algo más de sus cosas, aunque asegurándome antes de que habla de otro tema. Estoy un poco cansado de totalitarismos del S. XX, sean de un signo o de otro.

Adiós a David Foster Wallace

Desde hace años me rondaban la cabeza Pynchon y Delillo. Como saben, la literatura USA es la que más sigo. Estos escritores en concreto, ya talluditos, tienen un prestigio especial entre sus colegas. Son duros y difíciles de leer y de entender. Son otra cosa. Se les califica como posmodernos.

En estas oigo hablar de David Foster Wallace, una promesa que sitúan en esa misma esfera. No muy seguro de que me fueran a gustar los primeros, o de poder con ellos, es lo mismo, me lancé a por DFW y leí Algo supuestamente divertido que nunca volveremos a hacer.

Fue para mi la experiencia literaria más cercana a una revelación que he tenido. Al menos que recuerde ahora. ¡Por fin me encuentro con un genio vivo! pensé. No sólo un escritor bueno o de talento. Una prosa visual y exuberante, llena de juegos, insolencia, sorpresas, frescura, diversión ¡Si era capaz de hacer eso con reportajes periodísticos y ensayos, qué no haría cuando su imaginación estuviera libre por completo de la realidad y el discurso lógico!

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El otro árbol de Guernica (Castresana)

«Las guerras no sólo las luchan los hombres en el frente». Guerra civil española, un grupo de niños de Bilbao son expatriados a Bruselas para resguardarlos del peligro. Nuevo país, nuevo idioma, separados de sus padres. Apenas empiezan a conocer el mundo y se encuentran con cosas que no entienden de los adultos, entre ellas, por qué se matan. El dolor, el miedo y la añoranza los va curtiendo y haciendo hombres antes de tiempo. Curso acelerado de vida adulta. Muchas emociones: separaciones, reencuentros, solidaridad, amistad, amores incipientes, añoranza de la patria; la novela bordea peligrosamente los límites de lo pasteloso, sentimentalón y patriotero pero logra mantenerse a salvo.

Es la gran novela de Castresana, lo que no significa que en sí misma sea una novela memorable. Pero no está mal. Hay mejores libros de niños en situaciones duras. Pienso por ejemplo en El camino de Delibes, o en Las ratas, que es a El otro árbol de Guernica lo que La divina comedia a las poesías de Gloria Fuertes.