Agosto 2015 (1 de 3). Relecturas

CERVANTES_Audio
• Lo más destacado de este mes de agosto ha sido la conclusión de El Quijote, que empecé a oir en mp3 allá por el mes de febrero, aprovechando desplazamientos en el coche. Una voz distinta por personaje y locutores profesionales. Una delicia. Nunca he sido un fanático de este libro pero el hecho es que es la tercera vez que lo “leo”. Tengo los ficheros en Dropbox y los iba oyendo a través del móvil. SOBRESALIENTE.

• Me ha cansado en cambio esta vez Ficciones y creo que no es el libro primero adecuado para los que se acercan al autor. Tengo que revisar esta recomendación mía habitual. Quizás lo he releído en mal momento o rápido. Borges es una locura literaria a la que te abandonas, una experiencia hipnótica donde suspendes las más elementales exigencias del pacto de lectura. Aunque no sé si desde el más allá estará riéndose de nosotros. Filosofía, teología, literatura, historia; espejos, laberintos y geometrías. Un amigo buen lector no contaminado por la admiración no pasó de los tres o cuatro primeros relatos. BIEN.

• Otro escollo veraniego: Rosaura a las diez. Tenía un recuerdo estupendo y ahora me ha defraudado. Me ha agotado la señora Milagros, la primera narradora, que explica morosamente el culebrón de base. Mejora algo con los sucesivos puntos de vista pero yo ya estaba herido de muerte. BIEN.

Familia. Natalia Ginzburg

GINZBURG_FamiliaFamilia recoge dos novelas cortas de Natalia Ginzburg. No son muy buenas.

La primera, Familia, contiene una maraña de relaciones y traiciones consentidas que resultan pesadas de leer y poco verosímiles. Los personajes se multiplican en pocas páginas. Es como un equilibrista con varios platillos que deja agotados y ansiosos a los espectadores. La segunda, Burguesía, habla de una viuda. La mujer del cuñado de la viuda se lía con el marido de la hija de la viuda. Y hay gatos.

Un retrato detallista y descarnado de auténticos campeones del despiste. Gente mediocre y vacía. Lo positivo: brevedad y estilo.

Un buen hijo. Bruckner

BRUCKNER_Buen_hijo“Crecer es inventar la propia vida: envejecer es reducirla a algunos elementos anteriores”. Bruckner arremete con violencia contra los fantasmas de su pasado familiar e indaga en este libro memorialístico en la filiación y en la paternidad. El controvertido ensayista francés (París, 1948) arranca sus recuerdos en el momento en que se rompió la confianza ciega que se establece entre un hombre y su padre. Recorre una infancia dolorida con un progenitor violento y despótico, que engaña y maltrata a su mujer. Un relato estremecedor de violencia conyugal con el ingrediente de la asombrosa sumisión de la madre. Luego vendrá la cuestión del antisemitismo y racismo general del padre y su colaboración con el régimen nazi. ¿Se puede querer a alguien así? Es el grave conflicto que aborda este crudo y desasosegante relato de formación, cuya conclusión será aún más confusa por la bomba final.

Un buen hijo es una investigación sobre el resentimiento, un balance sobre lo que ha perdonado y lo que no, una vez fallece su padre en 2012. Paralelamente al crecimiento de este odio, el autor nos cuenta sus años de formación. Lecturas, pérdida de la fe, inicios sexuales, izquierdismo, mayo del 68, Sartre y sus otros padres, la vocación de escritor, etc. El libro combina un estilo de autobiografía y ensayismo, en el que los recuerdos alimentan ideas, y al revés. Se muestra negativo hacia la educación católica recibida en Lyon y confiesa una fe reducida a emoción estética.