Memorias de Auster

Diario de invierno es un sui generis libro de memorias. Auster ya es mayorcito y hace balance, y no precisamente de su obra, que es por lo que todos le conocemos y hemos de valorarle, sino de su vida. Su revisión es estadística y parcial: recuento de enfermedades, de funciones corporales, de mujeres a las que ha amado (y, sobre todo, de las que ha disfrutado sexualmente), de casas que ha habitado, de viajes que ha hecho.

Como siempre, consigue interesar hasta cuando cuenta las cosas más normales. Es el talento. Habla mucho de su familia y es bonito el amor y la lealtad a su segunda (y actual) mujer. Reflexiona, sin grandes profundidades, en la muerte, y resume citando a su admirado Joubert “El fin de la vida es amargo” y “Hay que morir inspirando amor (si se puede)”.

Habla mucho de sí mismo (aunque sin darse importancia), poco de amistad, mucho de sexualidad, casi nada de sus libros y películas. Dios como si no existiera. Sólo cuenta lo tocable.

Me parece muy acertado el uso de la segunda persona a lo largo de todo el libro.

Pueden conocer más cosas sobre él en Dossier Paul Auster, de Cortanze, un libro ya un poco antiguo que, si no recuerdo mal, incluye también varias entrevistas al escritor.

El druída

Ainvar es un druida de una tribu gala (los carnutos), S.I adC. Tiene amistad desde niño con Vercingetórix, líder de otra tribu de la Galia libre, los arvernios. Cuando son adultos se enfrentan juntos a César, al frente de la Galia narbonensis, y ambos intentan una alianza global de todas las tribus galas contra la bota romana. La cosa terminó en Alesia del modo como nos cuenta la historia.

La novela es seria (no es Asterix) y ofrece una completa visión de la cultura gala, del druidismo en particular y de la oposición a la trituradora romana desde el punto de vista de los vencidos (como en la estupenda El águila en la nieve). No es por tanto otra novela sobre César.

Todo el asunto druídico es algo chocante para la mentalidad moderna, una mezcla de aspectos que ahora tenemos resueltos de diferentes modos, más “civilizados” y realistas. Hay videntes y adivinos, sanadores, pensadores y maestros, un liderazgo espiritual que no tiene mucho que ver con la religión, con una parafernalia de ceremonias secretas, iniciación en los misterios, sacrificios, rituales, canciones y cuervos. La idea de fondo es el equilibrio entre el Más Allá, la tierra y el hombre, y hablan de La Fuente, La Norma y El Bosque. Hay cosas positivas como la atención a la naturaleza, el amor a la libertad o la creencia en otra vida después de esta y elementos estrafalarios como la magia o los poderes sobre la mente o la naturaleza.

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El Lucas de Caldwell

Se reedita la célebre novela de Caldwell (Inglaterra, 1900-Connecticut, 1985) de 1959 sobre San Lucas, el evangelista de María y del alcance universal de la salvación. La popular escritora abordó también la novela histórica religiosa con personajes como San Pablo y Judas Iscariote.

Nacido libre en Antioquia, hijo de un liberto del gobernador romano de la provincia, Lucano conocerá desde niño su doble vocación: la búsqueda del Dios Desconocido, tarea que le llevará a decidir una vida célibe, y su apasionado amor por la medicina. Los griegos tomaron sus conocimientos de los egipcios, y éstos de los babilonios, y Lucano aprenderá una ciencia que combina saberes, misterios, magia y adivinación. El único apóstol no judío y que no conoció personalmente al Señor irá creciendo espiritualmente sin ahorrársele el dolor, en una lenta y sincera búsqueda de Dios

La novela avanza con gran morosidad, con la exuberante minuciosidad característica de la escritora inglesa, completamente entregada al personaje. Se suceden detalladas descripciones de las intrigas palaciegas de la Roma imperial, de las fiestas de Tiberio, de la vida de los primeros cristianos en Jerusalén.

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