Ed McBain

Ed McBain es un autor norteamericano de novela negra. Es difícil encontrar sus libros en España pero por fin he encontrado uno en epub, el segundo de su serie “Distrito 87” (una comisaría de Los Angeles). El atracador de mujeres cuenta un caso que se autoasigna el patrullero Kling. El detective Willis investiga propiamente el asunto y Kling indaga por su cuenta la muerte de una chica, y en algún punto se cruzan ambos casos.

Está bien, en la línea del estilo americano de contar este tipo de historias. Todo muy verbal, visual y directo. Se incluyen, no lo había visto hasta ahora, reproducciones de fichas de huellas digitales y de informes policiales. Estilo de novela coral con muchos personales (la Comisaría es la protagonista real de la serie) y casos cruzados.

Bien, pero no para tirar cohetes.

Ojos de agua. Villar

La novela negra tiende a caer en los extremos escabrosos, hiperviolencia, corrupción y sexualidad desbocada. Eso pasa en casi todos los españoles que frecuentan el género. Quizás por eso la irrupción de Domingo Villar, con otros aires, ha llamado la atención. Con sólo dos novelas se ha colado en los primeros puestos, incluso en el de honor, y ha sido destacado dentro y fuera de nuestro país. Ya les hablé de su segunda novela, y ahora he leído la primera.

Ojos de agua me ha parecido algo más floja, pero también de calidad. Una turbia historia de homosexualidad y crimen. La presentación de la pareja Caldas (gallego)-Estévez (aragonés). Lenta pero sin divagaciones, aunque algo apresurada al final. Buena trama (aunque no súper), buenos diálogos y, sobre todo, buenos personajes y excelente ambientación: qué pasa por la cabeza de Caldas (su padre, Alba, la radio), qué come, que música oye, cómo huele Vigo.

En fin, que me encanta poder recomendar por fin a un español de literatura policiaca.

Egan. El tiempo es un canalla

Bennie, Scotty, Jocelyn, Alice y Rhea componen una banda de punk rock a finales de los 70, en San Francisco. Son jóvenes con una vida despreocupada y llenos de sueños. Se vinculan sentimentalmente entre ellos o con otras personas y años más tarde sus caminos se separan, hasta llegar a la actualidad, cuando Bennie se ha convertido en un hombre importante de la industria musical y tiene una secretaria cleptómana llamada Sasha.

Egan ha compuesto una futurista novela polifónica con todos esos personajes. Lo más original es la multiplicidad de voces y el hecho de que casi todos los capítulos, que en realidad podrían leerse como relatos aislados, funcionen. Cada narrador es diferente y puede estar o no implicado en la historia, contar en tercera persona, hacer un monólogo, o dirigirse a otro personaje como si le contara el episodio a él; o puede escribir un artículo o hacer unos esquemas visuales a base de círculos y flechas (como en una presentación de Power Point). Si uno se olvida un poco de la historia de conjunto, una visión pesimista más de dónde quedan los sueños de la juventud tras tocar fondo en la vida, puede llegar a disfrutar de los golpes de humor de algunos episodios, verdaderamente conseguidos, como el de la gira suicida que un cantante acabado propone a Bennie, o el de la campaña de imagen para lavar la cara de un genocida africano.

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