Libros de «profesiones»

Me pide María José sugerencias de títulos sobre «profesiones» para sus tertulias literarias. Estos son los que le digo (como se ve, entendiendo «profesiones» en sentido bastante amplio):

• JUBILADO: Diario de un jubilado (Delibes)
• OFICINISTA: Muerte de un viajante (Miller)
• SACERDOTE: El poder y la gloria (G. Greene)
• POLICIAS: Homicidio (David Simon)
• MEDICO: Historia de San Michelle (Munte)
• TORERO: Muerte en la tarde (Hemingway)
• EDITOR: Mi vida (Reich-Ranicki)
• ESCRITOR: Tolkien (Carpenter), Vida, pasión y muerte de Lorca (Gibson)
• DEPORTISTA: Locos por el Tour (Arribas)
• INFORMATICO: Steve Jobs, la biografía (Isaacson)
• DIRECTOR DE CINE: Billy Wilder, aquí un amigo (Lally)
• MILITAR: Napoleón (Gallo)
• POLITICO: Sir Thomas Moro (Vázquez de Prada), Fouché (Zweig)
• PRESO: Papillon (Charriere)
• PAPA: Juan Pablo II, Testigo de esperanza (Weigel)
• ENFERMO: Alexia (Molins)
• EMPRESARIO: La hoguera de las vanidades (Wolfe)

Wood. Mecanismos de la ficción

James Wood es un crítico literario inglés, ensayista y novelista. En este libro aborda cuestiones muy tratadas en la teoría de la novela como son las del realismo (mímesis, verdad, representación, verosimilitud), la voz y pensamiento de los personajes (diálogos, estilo indirecto libre, conciencia), los propios rasgos de los personajes (caracterización y evolución), el estilismo y el lenguaje y los papeles del autor y el narrador en las ficciones.

10 capítulos y apenas 200 páginas. He leído ya algunos libros sobre estas cuestiones y este me ha parecido destacable: a la vez ameno, riguroso y breve, huye de tópicos y simplificaciones y demuestra que tiene detrás un gran lector.

Explica con detalle la importancia de Flaubert y por qué su obra supone un antes y un después en la narración realista moderna. Su uso de los detalles, la no implicación del autor, la palabra cuidada al máximo, el empleo maestro del estilo indirecto libre. También abunda en el magisterio de Dostoievski, sobre todo en el tratamiento de la conducta humana y en la profundidad de sus personajes: la novela como medio de investigación profundo y serio del comportamiento humano.

No sé si la cosa llegará a tanto como se promete (“Un libro que cambiará nuestra manera de leer” dice la portada), pero ayuda a relacionar cuestiones básicas, a entender su importancia y a comprender lo que cuesta el difícil arte de escribir bien.

La crisis

Estar a dos velas

Se usa para referirse a carecer de dinero y de recursos en general. Son muchas las explicaciones que se le dan a esta frase. Se oye decir que es un símil marinero que como «A todo trapo» o «A palo seco» ha calado en el lenguaje, significando en este caso que la embarcación navega tan sólo con dos velas y no utiliza la totalidad de sus recursos. Pero no parece convincente. También se dice que procede del gesto que se hace para demostrar que no se tiene dinero y que consiste en meter las manos en los bolsillos y estirar de los forros hacia afuera volviéndolos del revés. Por la forma triangular que presentan y por el color blanco se les compararía con las velas de una embarcación. José María Iribarren, en «El porqué de los dichos», afirma que es muy posible que aluda al juego y al hecho de que antiguamente en las timbas de naipes, el que hacía de banca tenía una vela a cada lado para poder contar el dinero. En tal caso «dejarle a dos velas» significaría dejarle sin dinero, en bancarrota. Gregorio Doval, en su «Del hecho al dicho», que relaciona las velas con los mocos de los niños. De los niños muy mocosos se dice que «están con las velas colgando» -quizás por su color cerúleo, quizás por que los mueve el viento-, niños solos o abandonados que por no tener, no tienen ni quien les limpie los mocos. A este claro ejemplo de pobreza y desamparo habría que añadir el hecho de que la frase «estar a dos velas» suele ir acompañada del gesto de pasar los dedos índice y corazón de arriba a abajo, uno por cada lado de la nariz.