Kalashnikov

Hace tiempo que no leía un libro tan malo, chapucero y descuidado. No es que Vázquez Figueroa sea precisamente de mis autores de cabecera y esperara mucho, pero le respetaba porque leí hace muchos años Tuareg, que me pareció (y me parece) una digna novela de aventuras. La confluencia de los astros ha puesto en mis manos su último libro, Kalashnikov. Un cazador de elefantes es contratado por unos eurodiputados (o algo así) para asesinar al jefe de un ejército-banda de Uganda. Coltán, tráfico de armas, niños con Kalashnikov, niñas esclavas sexuales.La familia de los traficantes de armas es inverosímil, la camaradería entre el cazador y su colega da grima (son dos machotes vulgares y chuscos), la inserción de parrafadas y documentos para explicar lo que pasa rompe continuamente el ritmo. En fin, un petardo. Y, encima, los personajes dicen de vez en cuando «harto difícil», «asaz» o «vive Dios que..». ¿Conocen a alguien que hable así?Una mala novela sin ninguna exigencia literaria y ni siquiera entretenida. Por no hablar de la cantidad de tacos y detalles obscenos.

Papyre 6.1

Los reyes me han traído un lector electrónico, el Papyre 6.1. Así que he pensado compartir con ustedes mis experiencias.De entrada, ¿por qué he optado por este modelo?

1. Se ve bastante bien el texto.
2. Es de los más baratos.
3. No tiene pantalla táctil, ni puedes hacer anotaciones, ni tiene conexión con internet; pero nada de eso es necesario para leer un texto.
4. Lo definitivo para mi: husmeé en un foro sobre e-readers y hay muchos que han optado por este. El soft (firmware) está basado en Linux, es decir, es libre, y hay continuas mejoras y actualizaciones.

(Inauguro con esta entrada la etiqueta «e-books». Más adelante volveré a etiquetar entradas anteriores sobre este asunto)

Imma Monsó

A raíz del éxito de su último libro, Sara es invitada a un pueblo a una charla-coloquio. Quiere aprovechar el viaje para cortar su relación con Hugo, un fan que comienza a incomodarla con su devoción. Se separan violentamente y luego se topa en la carretera con una furgoneta que lleva a un muerto. El último SMS del móvil del fallecido hace pensar que quien se lo envió asistirá al encuentro al que se dirige Sara y ella hará lo posible por retrasar que conozca la mala noticia.

Toda la historia es un esqueleto con cierta dosis de intriga para desmenuzar la personalidad de Sara, una mujer en una etapa de frialdad afectiva, con malos recuerdos de su infancia, separada, con malas relaciones con su hijo, y que se enfrenta ahora con un neurótico acosador a punto de perder los papeles. Lo que mejor hace Monsó es describir matices psicológicos de los personajes, en particular los desdoblamientos con los que Sara sobrevive a sus complejas relaciones con los demás.

La novela se estanca en la segunda mitad y se difumina con la aparición de nuevos personajes y, sobre todo, con la profusión de intervenciones e historias que se suceden en el largo coloquio. El hilo del libro (de éste y del que escribe Sara, del coloquio, de las relaciones entre los personajes) es el miedo. La profesión de Sara permite a la autora numerosas reflexiones sobre la lectura y la escritura.

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