Menéndez Salmón. La ofensa

MENENDEZ_OfensaTenía echado el ojo a este escritor desde hacía tiempo y en cuanto ha aparecido en el mágico portal me he hecho con él.

La cosa empieza bien.
a)   una buena historia (1941, joven sastre alemán llevado a combatir por Hitler, testigo de acción violenta en Francia, shock y pérdida de la sensibilidad física y casi de la emocional);
b)  un estilo poderoso: párrafos largos, buen castellano, libro breve, hechos combinados con drama íntimo del personaje.

Pero, lástima, se tuerce. La historia evoluciona bien, entra el amor y las cosas empiezan a recomponerse, pero llega el abrupto final, poco claro. A la parte final le sobra tono gótico y oscuro, en mi opinión, porque se pierde claridad y conexión del lector con la historia.

Me ha parecido un escritor distinto, minoritario, que quiere decir más cosas de las que cuenta. No me ha gustado mucho.

Marías: Lección pasada de moda. Y II.

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Antes de pasar a otra cosa, les amplío el comentario de este libro de Marías, para aclarar mejor a qué me refería en la entrada que le dediqué.

Algunos de sus contenidos:

• Se lamenta de la pobreza actual de la gama de insultos (“El español es todavía colérico y digno, altanero y camorrista, displicente y valentón, y le gusta mucho decir la última palabra”).

• Hay ejemplos hilarantes de malas traducciones: un corresponsal en París de TV habla de “buque emisario” (Bouc émissaire = chivo expiatorio), o en una peli Holy Ghost se traduce como El Santo Fantasma (en vez de Espíritu Santo).

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Marías: Lección pasada de moda

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“Yo mismo reconozco que a lo largo del día suelen ser varias las cosas o los individuos o las instituciones que me irritan o vejan, y rara es la jornada en la que me acuesto sin haber experimentado la tentación de insultar, aunque sólo haya sido para mis adentros”.

Y una de las cosas que más irritan a Marías, a juzgar por el número de artículos que ha dedicado al tema (reunidos en este libro) es el mal empleo de castellano, de palabra y por escrito.

Insiste una y otra vez en que no es un purista, y le creo, porque el purista abomina de la libertad y él cree en la autonomía del pensamiento y en la de su expresión,…siempre que sean en auténtico castellano.

A mi me gustan mucho estos asuntos y las pataletas de Marías me caen bien de siempre, y más cuando tiene razones.

Errores, cosas mal dichas, disquisiciones ortográficas, imposiciones (Girona por Gerona), engendros de lo políticamente correcto (Todos y todas, personas de color, personas de peso diferente), extranjerismos, malas traducciones, zafiedades, todo tiene su momento en este libro. Por su procedencia y composición es necesariamente repetitivo, pero no molesta demasiado.