Irving

La última noche en Twisted River. De John Irving se ha valorado siempre su declaración de guerra al aburrimiento, se ha pasado por alto una y otra vez su tendencia a la extravagancia porque era el precio por sorprender, se ha transigido con el pansexualismo de sus personajes porque vende y se ha calificado la patente inmoralidad de sus historias como valiente sinceridad antipuritana.Todo esto vuelve a aparecer en este último libro que cuenta la vida de Dominic y su hijo Danny. Un homicidio involuntario les lleva a huir de un aserradero y serán perseguidos durante cincuenta años ayudados siempre por su amigo Ketchum. Cambiarán varias veces de nombre y de ciudad y de trabajo. El mensaje es la fuerza de la amistad y de la sangre: si tienes eso no necesitas más.

Los tres personajes principales son incapaces de relaciones estables y las mujeres entran y salen de sus vidas por docenas. Nunca confluyen amor, sexo y compromiso en el mismo plano y todos tienen el mismo sentido de lealtad que los animales. El autor parece que quiere provocar y reirse de todo, dejando a sus personajes en un estadio de procacidad primaria y prerracional. Todo esto hace imposible tomarse en serio la historia y ahoga las cosas buenas de este escritor, como son su dominio de la estructura de la narración, su manejo de los tiempos y su original modo de hacer avanzar cada una de las seis largas partes de esta novela a modo de espiral hasta abarcar todo el periodo. Los hechos se van desplegando en oleadas concéntricas que van y vienen en el tiempo.

Danny se hace escritor de éxito y Ketchum le aconseja «valentía»: «tienes que hundir la nariz en lo peor e imaginarlo todo». Esta parece ser la consigna de las novelas de Irving.

No me parece un escritor de primer nivel.

Carmelo Guillén

Vivía yo en Sevilla, en el Colegio Mayor Guadaira, y el poeta Carmelo Guillén nos visitaba en la tertulia y nos recitaba sus poesías. Le traté, le recuerdo con cariño y hace mucho que no le veo. Me acuerdo especialmente del poema Nonaino. Ahora encuentro una recopilación de sus poemarios (1976-1996) y me apresuro a buscarlo. Lo copio para ustedes: (forma parte de una serie de tres, y a mi me gusta más el III): Advierto, está bien copiado.

De mí sé más que nadie pero no estoy seguro,
Por eso, algunas veces, cuando ya no me aguanto
Ni las uñas me sirven para estarme sereno,
Me voy, adiós, y punto, a donde sea, el caso
Es éste, yo, Carmelo, que tan bien sé de otros
-Ese “tan bien” se escribe separado-, yo mismo,
No es otra la razón, aunque ocurre con frecuen
Que no, nonaino ná, que no sé por qué cía
Y claro, estar así, sin saber, tantoymás
Me hace echarme al verso, al poema y decir
Cositas que ni sé, que no quiero, que no
Hablar de mí a disgusto, a gusto, para qué,
Si luego viene uno, o dos, o tres, o cuatro
A ver como nonaino. Que no, que yo soy e-
Sa oscura clavellina, de verdad, os lo juro.

Tardi

«Me paso la vida haciendo el gilipollas (…), pero en todos lados es la misma mierda».

Esto opina Gerfaut, el ejecutivo de la novela de Manchette adaptada al cómic por Tardi. Es una historia negra llena de pesimismo existencialista.

Noveno arte y novela policiaca. Tardi también ha adaptado varias historias de Leo Malet, entre ellas Calle de la Estación, 120, ya comentada en este blog. La balada de la costa oeste no está mal y los dibujos son más que aceptables. La historia evidentemente recortada sigue teniendo sentido.