Carmen Martín Gaite

Esto dije hace 15 años de La Reina de las Nieves.

Leonado Villalba es un joven atormentado, insatisfecho y vacío. Su peligrosa afición por ambientes turbios le ha llevado a la cárcel por una temporada. Al salir, asiste desorientado a la trágica muerte de sus padres. Burgués intelectual y sensible, vive una existencia amenazada por su permanente crisis de identidad.

Sila, escritora retirada, habita un caserón mágico que en otro tiempo fuera residencia de los padres de Leonardo. Poco a poco, se nos va desvelando el misterio de esta alma indomable, atractiva, contrapunto vitalista de la sordidez de Leonardo.

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Saviano

La escritura de Roberto Saviano se alimenta de su rabia. Tanta que le ha valido para escribir Gomorra, un acto casi suicida que confiamos en que no se lo lleve por delante.

Debate, es decir Mondadori, quiere explotar el éxito y se inventa un nuevo libro con dos breves relatos. Un joven de 21 años, un italiano del sur, en «misión de paz», salta por los aires en Afganistán. Deja novia de 17. El otro relato, también sobre la violencia, narra un episodio igual a los mil que se cuentan en Gomorra. Saviano tiende a la exageración expresiva y a un manierismo periodístico algo poético que a veces cansa un poco.

Creo que este es un librito oportunista y poco sustancioso. Pero me da la oportunidad de volver a recomendarles que lean Gomorra si aún no lo han hecho. Háganme caso.

César y sus mujeres

Fin del cuarto volumen de McCullough sobre la República romana tardía. No voy a repetir impresiones ya dichas respecto a los tres primeros tomos. Casi todo sigue valiendo pues se trata de un trabajo homogéneo y unitario. Esta vez el personaje ya es César de lleno. Su superioridad en todo es aplastante pero la australiana consigue contar cada suceso sin agotar nuestra capacidad de sorpresa.

A mí me encanta medirme con los Catones y los Bíbulos. Nunca ganarán.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Simple —dijo César sorprendido—. Ellos no desean ganar con tanta pasión como lo deseo yo.

*****

Ya os advertí que él ganaría —dijo Metelo Escipión—. ¿Y sabéis por qué gana siempre? Porque no se detiene a contar el gasto.

Así es César. Todo lo tiene calculado, hasta las pocas cosas que le salen mal.

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