Epístola moral a Fabio. Fernández de Andrada

FERNANDEZ DE ANDRADA_Epístola-moral-a-FabioEl poeta y militar sevillano Andrés Fernández de Andrada (1575-1648) dejó escrita esta bella poesía, reconocida como la más eminente epístola horaciana de nuestras letras. Senequismo, ascetismo cristiano, aurea mediocritas, consejos a Alonso Tello de Guzmán, corregidor de la ciudad de México, previniéndole sobre la búsqueda de cargos y riquezas y recordándole la brevedad de la vida. Tercetos encadenados de bella perfección. Una llamada a la virtud, la modestia y la honestidad, poesía barroca sin afectación ni florituras, clara en el mensaje y precisa en la ejecución. Un estilo contenido acorde al mensaje de moderación que acoge.

(…)
Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.
(…)
Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares.
(…)
Una vida mediana yo posea,
un estilo común y moderado,
Que no le note nadie que le vea.
(…)

La larga marcha. Chirbes

CHIRBES_Larga_marchaChirbes ya empleó en este libro de 1996 la estructura que repetiría en 2003 con Los viejos amigos: siete historias diferentes, algunas de las cuales enlazan en algún momento. El planteamiento es arriesgado, pues exige al lector un esfuerzo multiplicado de retener nombres, relaciones y circunstancias, hasta siete veces, y volver a recordarlo toda cada vez que se retoma una de ellas.

Ni voy a intentar resumir el argumento. El arco de tiempo (siempre dentro de la posguerra española) es amplio y las circunstancias familiares, sociales y profesionales de los personajes variadas. El tema de fondo es la noche larga posterior a la guerra, el miedo, la indignidad, la batalla a la inteligencia, España un país oscurantista y bárbaro de fútbol, toros y tonadilleras. La novela está bien porque Chirbes siempre lo está, pero es inferior a las últimas que ha escrito.

San Camilo 1936. Cela

CELA_ S. Camilo 1936Potente novela sobre el día del alzamiento en Madrid. Tres largos capítulos y casi doscientos personajes (aunque la técnica y el punto de vista son diferentes a los adoptados en La colmena). No hay puntos y aparte pero por lo demás se respeta el castellano. Un narrador se dirige en segunda persona a uno de los protagonistas, las historias van cruzándose, se intercalan anuncios y noticias de los periódicos, se incluyen diálogos y monólogos. El conjunto es atrevido formalmente pero no confuso ni incomprensible. Refleja muy bien la vida junta, todo al mismo tiempo, lo grande, la Historia, y lo pequeño.

Esto es España según Cela. Curas, banderilleros, guardias civiles, casas de socorro, políticos, periodistas, bares, burdeles, copas de coñac, rosarios, maricones, putas, pedos, tacos, inscripciones en las paredes de un retrete del cine. Todo muy procaz y muy Cela. El componente oral-coloquial está muy bien inserto en el discurso, y he vuelto a recordar expresiones que oía a mi abuela como “se conoce que”, “..¡al tiempo!”, “…que venga Dios y lo vea”. Las anécdotas y golpes graciosos se suceden al mismo ritmo que las innumerables escenas de cama. Todo contado con esa prosa macho, que diría Umbral, tan característica de nuestro nobel.

Es una novela sobre lo español, con un importante componente discursivo-filosófico-sociológico, aunque se ponga en boca de algún personaje.

Aquí la gente tiene poca instrucción y malos sentimientos, los ricos saben coger el tenedor muy finamente pero no leen un libro aunque los aspen, los de en medio cogen peor el tenedor y leen algún libro, lo que pasa es que no se enteran, y los pobres comen con las manos, cuando comen, y no saben ni leer, ¡usted dirá!

A la gente cuando se pone nerviosa le importa menos tener razón que hacer prevalecer su deseo, por disparatado que fuere, y la gente está nerviosa y va camino de no importarle tener razón.

Como diría Forges, ¡qué país!