Wright. Tres noches

WRIGHT_Tres_nochesTony Hastings viaja con su mujer y su hija hacia Austin para pasar unos días de descanso. Un altercado con los ocupantes de otro coche, en principio sólo un episodio molesto, degenera en una pesadilla de muerte, persecución y venganza que transformará de forma irremisible la vida de Tony y le hará descubrir aspectos desconocidos de su naturaleza. Hasta aquí el argumento de Animales nocturnos.

Edward y Susan llevan veinte años sin verse. Su matrimonio naufragó y ambos están nuevamente casados. Susan recibe de pronto el manuscrito de Animales nocturnos, firmado por Edward, y esperan verse y hablar de él el penúltimo día del año.

La novela de Wright cuenta –además del contenido íntegro del libro de Edward- el proceso de lectura fascinada de Susan, a lo largo de tres días, que le llevará a replantearse qué falló con Edward, en qué se ha convertido su presente con Arnold, actual marido y qué va a ocurrir en un futuro sobre el que penden una infidelidad mal digerida y un traslado profesional de ciudad. Las vidas de Tony y Susan (título original de la novela, de 1993) se proyectan una en la otra vinculadas a través del escritor del manuscrito.

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Cheever, el notario de la mediocridad

CHEEVER_Cuentos_RBACheever es el Balzac de la clase media norteamericana de los cincuenta. Un relato-tipo suyo es algo así: familia acomodada que vive en zona residencial de clase media, precisa y breve presentación de personajes, el o los protagonistas descubriendo por qué no son felices, crisis o conflicto (que no necesariamente se resuelven en algo al final) y resolución (con frecuencia abierta). Todo en un estupendo estilo realista, limpio, clásico y tranquilo.

La insatisfacción del mundo que él ve se relaciona casi siempre con el egoísmo. El matrimonio ya ni intenta comunicarse y se buscan aventuras fuera, hay una exagerada preocupación por el dinero y mandan los convencionalismos sociales, asfixiantes y adictivos al mismo tiempo. La felicidad se considera una quimera y es frecuente que sus personajes, a pesar de las apariencias, en un momento u otro estén muy cerca de dejarlo todo. Sus relatos están poblados de gente vacía, sola y llena de miedos. Supervivientes de un naufragio que no ven playa por ninguna parte.

Maestro de la presentación de situaciones y personajes y de la descripción, brilla menos en los diálogos. Muchos de sus personajes resultan difíciles de olvidar (incluso algunos secundarios). No juzga ni saca conclusiones, no hay ironía, ni humor, ni pesimismo, ni estridencias argumentales de ningún tipo. Su visión no resulta alentadora pero tampoco destructiva. Mira, describe y alerta, esto último sin un propósito declarado.

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Cuentos políticamente correctos

De los Cuentos infantiles políticamente correctos, de Finn Garner, lo interesante es la idea, un replanteamiento de clásicos con cierta sensibilidad moderna ilustrada. Cómo se contarían con la mirada de hoy sobre la mujer, el medio ambiente, los animales, el sexismo, la discriminación, las minorías, la injusticia, el racismo o el tabaco. El resultado es original y con una estupenda coña irónica que se ríe precisamente de lo que quiere supuestamente salvaguardar.

Así, el clásico leñador pasa a ser “un técnico en combustibles vegetales”, el rey desnudo en realidad sigue “un estilo de vida alternativo” o Caperucita, la abuela y el lobo terminan conviviendo en un “espacio de cooperación y respeto mutuos”. De un molinero se dice “afectado por una situación económica sumamente desventajosa” para evitar «pobre» o de una joven mujer que es «cutáneamente empobrecida en melanina» para no decir «una rubia».

El problema es que resulta más interesante la premisa que la ejecución. Consigues sonreír con el primero pero lo demás ya es todo un poco igual. Y hay un segundo volumen y un tercero (de navideños).

Mejor Grimm y Andersen, no lo duden, aunque celebro la ocurrencia de Finn Garner.