Pórtico de Pohl

POHL_PórticoA pesar de mi mala experiencia de hace un par de veranos he reincidido en la ciencia ficción en una primaveral tarde de semana santa. Otro intento con una de las sagas «míticas», la de Pohl sobre los Heechee.

En este tipo de libros veo casi siempre básicamente tres cosas:

  1. La clave conceptual y el planteamiento. Época, naturaleza de los elementos en conflicto. Es la oportunidad de la imaginación y es donde la ambición del escritor da su talla. No hay que desanimarse con los términos científicos o pseudocientíficos que aparezcan.
  2. La microhistoria. Lo que ocurre a los personajes concretos. Intrigas, romances, guerras, peleas. Son cosas conocidas sólo que ahora ocurren en lo que se describe en 1.
  3. Luego están las decisiones literarias propias de cualquier obra de ficción: quien narra, en que tono de lenguaje se cuenta, uso del tiempo y del lugar, etc.

En este sentido el libro de Pohl me parece:

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Ardor guerrero. Muñoz Molina

MUÑOZ_MOLINA_ArdorHe oído a muchos contar su mili, pero lo que llega a ver un escritor y su capacidad de expresarlo supera con mucho el relato oral más detallista y divertido.

Estoy feliz de no haberla hecho y es un tema que no me interesa especialmente, pero me ha gustado ver tan bien expresadas unas valoraciones con las que coincido en lo esencial.

1979, 24 años, País Vasco. MM escribe estos recuerdos 14 años después, cuando ya no pueden herirle (los recuerdos) y ha dejado de soñar con ellos. Se ve que lo pasó realmente mal y se ceba.

MM toma posiciones y arremete sin piedad desde la línea uno. Llega a resultar repetitivo y puede que exagere un poco en su ajuste de cuentas emocional, pero no se puede decir mejor:

La repetición exhaustiva y unánime, en un lugar cerrado, de una cadena de actos que se justifican por sí mismos en virtud de una lógica inflexible, pero sin ningún vínculo con las realidades del mundo exterior, sume a quienes los practican en un espejismo de intemporalidad, en un estupor gradual de la inteligencia, atrapada ella misma en los automatismos rituales a los que al cabo del día no escapa ningún gesto, incluso ningún sueño ni deseo.

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero

MONTERO_RidículaMarie Curie obtuvo dos premios Nobel, uno de Física en 1903 junto con su marido, Pierre Curie, y otro de Química, en 1911, en solitario. Descubrió y midió la radiactividad, descubrió el polonio y el radio. Una auténtica pionera. Un ser distinto. También fue la primera mujer en ser enterrada por sus propios méritos en el Panteón de Hombres Ilustres de París.

Montero se entusiasma con el personaje y escribe este libro que trata también del dolor por la muerte de su propio marido y que incluye fotos, microrrelatos y citas de otros libros.

Un libro inclasificable que se lee con agrado, pese a ciertas debilidades como, por ejemplo, las frecuentes declaraciones de feminismo simplón y descontextualizado: “hasta hace apenas un par de décadas, el mayor problema de la mujer occidental consistía en no saber vivir para su propio deseo: siempre vivía para el deseo de los demás, de los padres, de los novios, de los maridos, de los hijos, como si sus aspiraciones personales fueran secundarias, improcedentes y defectuosas”.

Con sus sombras, está claro que Marie Curie es un personaje destacable. Polaca, judía, entusiasta seguidora del positivismo de Comte, se apartaba de la religión y consagraba la ciencia como única vía para conocer la realidad y mejorar el mundo.

El libro incluye al final el breve Diario que la propia Curie escribió tras la muerte de su esposo.