Salter. Todo lo que hay

SALTER_Años_luzAños luz (1975) es su cuarta novela, de seis, y está considerada como la mejor que ha escrito. Su escasa producción se completa con dos libros de relatos y uno de memorias. Ya hemos hablado aquí de Todo lo que hay y de La última noche.

Es la historia de un matrimonio con dos hijos. Empieza en 1958, cuando están en la treintena, y termina con la muerte de ella, cuando llevan ya muchos años divorciados. No desvelo nada porque desde el principio tanto Viri como Nedra se acuestan con otros, y ambos lo saben.

La idea del matrimonio que representan es falsa y corrosiva (“es como una foto quemada. Algunas partes persisten. Las demás se han consumido para siempre”). Una especie de cárcel que sólo perdura si se logra un nivel aceptable de acostumbramiento. Sólo es un arreglo entre dos personas donde lo único verdaderamente valioso es el amor a los hijos, cuando los hay. El personaje de Nedra se presenta todo el tiempo como el prototipo de mujer libre, sofisticada, enigmática y elegante, que busca su felicidad. No es más que una caprichosa egoísta. Me ha resultado antipática casi desde el principio. Él es más débil que malo pero tampoco ayuda mucho a salvar la situación.

Lo positivo. La novela está escrita con mimo. Frases cortas. Con un toque poético agradable que no está en sus libros posteriores. Hay cosas sueltas de bastante calidad (ideas, pasajes). En Salter hay poca paja, casi siempre está diciendo algo.

Los guardianes de la luz. Sutcliff

SUTCLIFF_GuardianesTercera novela de la serie britana de Sutcliff. Roma ha dejado la isla y Ambrosio permanece como débil pretendiente para gobernar Britania. En frente tiene a los locales (pictos al norte, escoceses y celtas) y sajones y jutos ambiciosos al otro lado del mar. Aquila deserta para quedarse con su familia pero ésta es asesinada en una incursión sajona. Permanece unos años en manos de los jutos daneses y volverá para servir a Ambrosio. Otro Aquila como protagonista pero siglos de diferencia con las otras novelas (S. II la primera, S. III la segunda y S. V ahora).

Como en las anteriores, la historia está muy bien contada pero nos vemos arrastrados sobre todo por las andanzas de los personajes principales, de fuerte atractivo y personalidad, marca de la casa de la autora. Esta vez no predomina una historia de viaje y amistad como en las dos anteriores, sino más bien son los lazos familiares y otras lealtades las que sostienen las acciones más significativas.

Aparece ya Artos, sobrino de Ambrosio, que será el futuro rey Arturo. Las descripciones de batallas y lugares siguen siendo muy logradas.

Una pena en observación. C. S. Lewis

LEWIS_Una pena en observaciónA Lewis le llegó el amor siendo maduro y el cáncer de Joy hizo que durara poco. Toda la lucidez y la batería de argumentos que exhibe en El problema de dolor se van al garete cuando muere su mujer.

“Si me han derribado la casa de un manotazo es porque se trataba de un castillo de naipes”. No llega a dudar de Dios pero se pregunta ¿cómo es Dios realmente? ¿dónde está ahora? ¿es bueno? Está tan abrumado por los sentimientos que no puede pensar. Este librito contiene las notas con la que intenta hacer frente a su hundimiento.

La pena (y la desidia que le acompaña) ¿es miedo, es suspense, es expectativa? “La vida se juega con dinero, no con fichas o calderilla”. Está aplastado pero no quiere dejarse llevar por la autocompasión. Es interesante contrastar todo lo que se dice aquí con lo que enunció antes en su libro citado.

Dice cosas muy bonitas sobre el amor:

Este es uno de los milagros del amor; que consigue dar a la pareja —pero quizá más aún a la mujer— el poder de penetrar en sus propios engaños, y a pesar de todo no vivir desengañada. Tener una visión un poco parecida a la de Dios. El amor de Dios y su sabiduría no se diferencian entre sí ni de Él mismo. Casi podríamos decir que ve porque ama, y por lo tanto que ama, a pesar de que ve.

En una ocasión, cuando ya se acercaba su final, le dije: «Si puedes, si te dejan, ven junto a mí cuando yo también esté en mi lecho de muerte.» «¿Dejarme? —me contestó—. Trabajo le va a costar al Cielo retenerme. Y en cuanto al Infierno, lo rompería en pedazos.»

Si no han visto la preciosa película de Attenborough (Tierras de penumbra, 1993) no dejen de hacerlo. El dolor como el megáfono de Dios contra un mundo sordo, el dolor de ahora como parte de la felicidad futura. Una norteamericana como un soplo de alegría y espontaneidad en un mundo académico masculino estricto e hiperformal. Nieblas y coros de gregoriano. Los dos actores principales estupendos.