La librería. Fitzgerald

FITZGERALD_LibreríaUn pasito en mis múltiples propósitos.

Florence Green es una mujer pequeña de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante, que pone en marcha una librería en 1959 en un pequeño pueblo. Quiere demostrar a Hardborough y a si misma que ella existía por derecho propio. Y elige hacerlo de un modo aventurado, en un sitio donde “La gente no quiere comprar libros, ha perdido el deseo por las cosas raras”.

Encontrará amigos y ayudantes en su proyecto, también enemigos, trampas y dificultades. Sin ser extraordinario, el libro es correcto, entretenido y está bien escrito. No es una apasionante historia libresca pero agrada ver cómo va creciendo la protagonista.

Connelly. Cuesta abajo (Bosch, nº 17)

CONNELLYHe comentado ya tantas novelas de Connelly (búsquese por autor) que no me quedan más cosas por decir. Boch es para mi como un viejo amigo al que estoy acostumbrado. Hace ya tiempo que no me emociona, como los viejos matrimonios, pero le estimo y le soy fiel. Como mínimo sé que me entretendrá un rato con una dosis de calidad media-alta y el punto justo de realismo violento imprescindible en los menesteres en los que se ocupa.

En este capítulo 17 de sus peripecias le encontramos en la Unidad de Casos Abiertos/No Resueltos y le quedan cinco años de vida activa en la Policía de Los Angeles. Dos casos: investigar la muerte del hijo de un viejo conocido, Irving, (“o bien todas las personas cuentan, o bien no cuenta ninguna”) y un turbio asunto de drogas con muertes de por medio.

Bosch en su cruzada contra el mal, Bosch adrenalítico, Bosch y su “libro de asesinato”. Su actual compañero, la antigua (Kiz), el comienzo de un nuevo romance, su hija que va creciendo. Tejemanejes políticos y dosificación de la verdad, prácticas de las altas esferas que no tienen nada que hacer con Bosch. Lo de siempre, pero bien.

Mary Ann Clark. Cuando acabe el invierno

CLARK_InviernoCuando acabe el invierno comienza donde dejamos a Mary Ann Clark en Una biblioteca de verano. Ha fallecido su marido en 1956 y la escritora tiene que volver a reconstruirse. Nomadismo cosmopolita (Jerusalén, Londres, París, Nueva York, Suiza), profundidad en la amistad con otras personas y, naturalmente, los libros. Pascal, La Rochefoucauld, Vauvenarges (“El recuerdo de la felicidad no produce felicidad, pero podemos aspirar a una alegría pequeña cada día si la felicidad no se amarga”), La Fontaine, Chamfort. Y sobre todo Virginia Woolf.

El libro es escueto y muy personal (íntimo) como el anterior, aunque quizás con un tono más poético. Sus reflexiones sobre la condición de mujer, lejos de un feminismo barato, la importancia de la redención por el amor y el valor de apoyarnos en los demás son algunos puntos de interés que dan valor a este librito.

Unas memorias muy leves en cuanto a hechos, ideas e impresiones, pero de agradable lectura porque muestran a una mujer sensible e inteligente.