Lex, historiadora del arte, busca al clandestino y mítico grafitero Sniper para hacerle una propuesta millonaria. Al menos es la intención declarada.
Me ha gustado un poquito más que las últimas, aunque sigue lejos de las primeras. Es breve, se deja leer y se resuelve sin dilación. He aprendido algunas cosas del ambiente de los grafiteros (“Si es legal, no es grafiti”) porque, como de costumbre, el autor se informa a fondo y cuida bien la ambientación. Hay comentarios sobre la relación de arte con la tragedia, con la crítica convencional, con el dinero, con lo efímero, con la verdad y la mentira.
Esta novela no vale un cinco por ciento de, por ejemplo, El club Dumas, pero será ésta última la que tendré en mente dentro de dos años y volveré a P-R, a ver si despierta de sus (discutidos) laureles.