
Leer completos a Galdós y a Baroja, sobre todo al primero, son dos de los proyectos que más insistentemente me tientan una y otra vez los últimos años, para nunca llevarlos a cabo, acuciado por otras curiosidades sin fin más urgentes. Se reavivan, claro está, cada vez que leo que alguien lo ha hecho. Por ejemplo, lo cuenta Jesús Pardo en sus memorias.
Así que (antes de que se me pase) me lanzo a esos tomos de Aguilar que están en casi todas las bibliotecas públicas y abro por Gloria para empezar, no sin antes autoprevenirme recordándome que todo no va a ser Fortunata y Jacinta o Misericordia. Pero aun así el resultado me decepciona.

