Priestley y el tiempo (3 de 3)

La tercera, Yo estuvé allí (1937), quizás la más floja, expone la teoría de la recurrencia y la intervención, según la cual el tiempo da vueltas, y vivimos las mismas cosas una y otra vez, aunque cabe que alguna circunstancia altere lo que tenía que ser. Un matrimonio desgastado pasa un fin de semana en una casa de campo, allí conocen a un joven. Un extraño doctor jugará un papel clave en las relaciones entre ellos.

Acabada la tercera, puedo decir que no me han interesado especialmente ninguna de las tres. Ninguna de las tres historias es realmente buena y las manipulaciones temporales de Priestley (corte en el tiempo, tiempo serial y tiempo circular) me han dejado un poco frío.

La traducción es aceptable aunque se hace para Argentina.

Hace tiempo que no leía teatro y tenía interés en estas obras, que me ha costado bastante encontrar. Como casi siempre, la expectativa y persecución han sido mejores que la experiencia.

Leer y viajar

Hace años, Arturo Pérez-Reverte publicó en El Semanal un artículo titulado Carta a María. Se trataba de recomendaciones de lecturas. Me gustó y lo guardé. El otro día salió en una conversación, lo busqué y lo encontré. Lo sigo suscribiendo casi por completo.

Por si no lo han leído, aquí les dejo el artículo para descargar:

PEREZ-REVERTE – Carta a María.

Priestley y el tiempo (2 de 3)

La segunda y más famosa, El tiempo y los Conway (1937), nos muestra a una familia de madre e hijos en el cumpleaños de la hija Kay, actos I y III. La ocurrencia de Priestley: el acto II nos muestra en que han parado los personajes 20 años más tarde. La Kay del acto III es de algún modo consciente de lo que sucederá en el futuro. Los diálogos son buenos y la mayoría de los personajes tristes.