El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. El crítico es el que puede traducir de un modo distinto o con un nuevo procedimiento su impresión ante las cosas bellas.La más elevada, así como la más baja de las formas de crítica, son una manera de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en cosas bellas están corrompidos sin ser encantadores. Esto es un defecto.Los que encuentran bellas intenciones en cosas bellas, son cultos. A estos les queda la esperanza.
Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza.Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo.
Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son, para el artista, instrumentos de un arte.
Vicio y virtud son, para el artista, materiales de un arte.
Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, la profesión de actor.
Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo.
Los que buscan bajo la superficie lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan descifrar el símbolo lo hacen también a su propio riesgo.
Es al espectador, y no la vida, a quien refleja realmente el arte.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo.
Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil, en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inútil.
Sciascia de nuevo
Con el buen regusto de El día de la lechuza y en busca de libros breves, me tropiezo (es un decir) con El caballero y la muerte, de Sciascia. Definitivamente, yo no clasificaría sus libros de policiacos, ni siquiera de libros sobre la mafia. El crimen y el ambiente siciliano son la anécdota y el entorno. Sciascia reflexiona siempre sobre los mecanismos del poder y del delito, sobre las zancadillas que sufren a toda hora la verdad y la justicia.
Un poli a punto de morir de cáncer se complica la vida y se acerca demasiado a la verdad sobre un asesinato. Hay una cómoda cortina de humo a mano que facilitaría las cosas pero él opta por la verdad.
La pieza se subtitula Sotie (farsa o sátira francesa, ss. XIV y XV) y hay más referencias literarias (Stevenson y su Isla del tesoro, unos versos de Hugo, y Montaigne). Y luego está el grabado de Durero de donde sale el título. Con todos estos ingredientes Sciascia contruye una interesante novelita que, insisto, sólo en un primer nivel de lectura puede calificarse de libro criminal.
Elegir lecturas
Sigo con el baúl de los recuerdos y me encuentro un artículo antiguo de los 90 que escribí para la revista de un Colegio Mayor. Ahora lo encuentro simplón, pero sigo pensando igual básicamente. Hoy quizás lo matizaría más o lo expresaría de otro modo, pero les dejo el texto tal cual. Recuerdo que fue fruto del cabreo que me produjo la lectura de El amor y otros demonios.
Imagina que entras en una farmacia (cosa bastante probable entre los de Albayzín) y te sientes atraído por una botella muy bonita (tanto como las pastas duras, el papel verjurado de 90 gr y el tipo de imprenta tan atractivo que usa la Mondadori para publicar en España los libros de GARCIA MARQUEZ); por la caja de un medicamento que «toma todo el mundo» (¿quien no ha leído todavia hoy El nombre de la rosa de ECO, El perfume de SUSKIND o Los pilares de la tierra de FOLLET?); por una grageas recientemente premiadas por La OMS (como lo hace Planeta con VARGAS LLOSA o el Ateneo de Sevilla con TORBADO); por un spray «de toda la vida» (como un Rojo y negro de STENDHAL o la Madame Bovary de FLAUBERT);


